sábado, 6 de mayo de 2017

FE, CULTURA Y NACIÓN



El humanismo que crea la comunidad

Toda filosofía humanista nace de la toma de conciencia del valor trascendente de las personas y los pueblos, gestando una concepción que señala el deber de defender la vida y justificar la existencia, con causas nobles para servir a la comunidad. El “sentido heroico” que implica, se manifiesta no sólo en los desafíos éticos y sociales que exigen valentía física para encararlos, como en la lucha por la libertad, sino también en el coraje moral de una conducta recta y en la honestidad conceptual de un pensar coherente con el obrar.
En la comunidad, la relación entre las personas comienza en el diálogo; que hay que organizar con paciencia y consistencia para insertarse en ella con vocación de servicio. La abnegación, por su lado, nos recuerda que todos somos necesarios pero ninguno imprescindible en una labor solidaria, que suma colectivamente las virtudes de todos y previene cualquier falencia individual.

Mentalidad estratégica, no estática

Un equipo de trabajo requiere una mentalidad estratégica, que piensa para actuar y habla para organizar, porque se prohíbe el “diletantismo”. Tiene un método eficaz en fijar objetivos y trazar el camino para lograrlos. Por esta razón, posee la capacidad de tomar constantemente decisiones correctas y oportunas, al contrario de la inacción, la ambigüedad y el descontrol. En la búsqueda de colaboradores, sabe apreciar la importancia de una libertad creativa y responsable; lo que además previene el sectarismo y las tendencias autoritarias.
La justicia es la virtud más abarcadora de la verdadera libertad. Formarse en la disciplina voluntaria de la libertad lleva toda una vida; para superar el “racionalismo” seudointelectual y ampliar el horizonte de la inteligencia con la meditación y la reflexión de orden espiritual. Sólo con esta mirada extendida por la sensibilidad del corazón, es posible descubrir todas las cosas que podemos hacer o iniciar asumiendo el poder de nosotros mismos, lo cual es clave de la nueva disposición transformadora  de una comunidad de fe.

La iniciativa social organizada

Superando la mera intervención del Estado, tantas veces ausente, se abre el amplio campo de las iniciativas sociales organizadas, que deben comenzar con las tareas más necesarias, para luego exigir el apoyo público complementario. Fin de una vieja actitud quedantista o indolente, que es letal en los momentos de emergencia grave. Esta posición necesita tres virtudes esenciales: fe en la potencialidad del pueblo convocado; esperanza activa que se transmite por emulación del buen ejemplo; y solidaridad dignificante definida por el apoyo mutuo y la cooperación entre iguales. 

Para la resolución pacífica de los conflictos, estas virtudes exigen descartar la violencia, y propone la concertación de intereses, esfuerzos y beneficios. No apela al resentimiento sino a la equidad, y postula trascender con un espíritu superior de concordia, las negociaciones paritarias habituales que no son sinceras ni ecuánimes.

La cultura del encuentro fructífero

La cultura, como respuesta colectiva a los desafíos vitales del hombre frente a la naturaleza y las otras formaciones sociales, atesora un núcleo de creencias profundas y fe. Aunque esta definición no es confesional sino amplia, es cierto que promueve pautas prácticas de un plan de vida y convivencia. Su primera célula orgánica es la familia, pero no encerrada en sí misma sino proyectada al espacio vecinal que le es propio. Por eso, hay que recuperar seguridad y presencia de la gente en sus calles, para evitar que la delincuencia y la escasa presencia del Estado en zonas conflictivas nos reduzca a la clandestinidad autoimpuesta por desconfianza, temor y violencia.

Estas definiciones ideales, deben y pueden despertar al país dormido que sobrevive sin ser realmente protagonista de su destino; agobiado por los disvalores del subdesarrollo, considerado equívocamente como un determinismo trágico del destino. Cuando, en rigor, el destino depende de nosotros, si no renunciamos a nuestro derecho a ser parte del pueblo, como sujeto histórico,  que es quien debe decidir el porvenir.

El triunfo de la voluntad constante

La fe auténtica, sin imposiciones partidistas ni clericalistas, no es una expectativa pasiva, sino el cúmulo de anhelos y aspiraciones de dignidad y prosperidad que motiva ejemplos, acicates y perspectivas para salir de la crisis. Tampoco es el pesimismo de una inteligencia escéptica, sino el optimismo de la voluntad, y el afecto que hermana e impulsa el avance. El triunfo de la voluntad debe desterrar los flagelos de la “impolítica”, la “antipolítica” y la “pospolítica”, causantes por igual de la grieta que fractura una sociedad sumergida. La “impolítica”, por ejemplo, es el resultado de los dirigentes venales que, aunque a veces hablan de objetivos correctos, los desgastan y frustran por su incapacidad o negligencia.

La “antipolítica”, por su parte, persiste en los manejos burocráticos y las trampas “legales” con los cuales un grupo crónico de oportunistas usurpa el nombre del peronismo y sus figuras señeras, para eludir toda autocrítica y seguir lucrando con coimas y prebendas. Ellos creen en la plutocracia más que en la democracia, y en el feudalismo anacrónico, más que en un federalismo próspero, que evite el éxodo a la miseria del conourbano bonaerense.
Finalmente, la “pospolítica” opera un sistema cerrado de tono elitista, negando el arte de la conducción política. Y apostando a la corrupción sistemática con el sofisma de los “conflictos de intereses”, con evasión fiscal, lavado de activos, manipulación de bancos y fondos de inversión especulativa, no productiva.

Humildad para corregir, alegría de hacer

Esta descripción descarnada de la realidad, no conspira contra el ejercicio de entusiasmo que nos corresponde hacer. El “entusiasmo”, para los clásicos, era un energía enviada por la divinidad a los hombres para estimular su inspiración a grandes obras. Hoy también lo necesitamos como ímpetu recargado, porque dice Francisco que en el capitalismo desbordado, además de una usina de pobreza, hay una trama intimidante de delincuencia organizada que somete aduanas, juzgados, estructuras políticas  y policiales con carácter de Estado paralelo. 

Junto con el entusiasmo, la humildad constituye la virtud propia de los liderazgos que quieren llegar al estadismo, hoy ausente. Es precisamente el método para evitar una arrogancia aplastante de cualquier aporte alternativo y enriquecedor, tanto en el oficialismo como en la oposición.
Nuevos elementos en la transformación de la base social

La buena nueva de una situación compleja es la proliferación de nuevos elementos que están transformando la naturaleza orgánica de la base social, abandonando la época de los punteros políticos y policiales. Uno de esos elementos son los “líderes comunitarios”, conocedores de la potencialidad de cada distrito, que hay que identificar y administrar para la solución directa de los problemas de sus habitantes. Líderes con capacidad y habilidad para coordinar alternativas de crecimiento y desarrollo, dentro y fuera de la función pública, que no los limita por su vocación de pertenencia local y espíritu pluralista.
Del mismo modo, actúan los “constructores de la sociedad”, personalidades destacadas de cada comuna por su actividad cultural, educativa, empresarial, profesional, técnica y laboral. Ellos, que pueden tener distintas preferencias partidarias, no necesitan encuadrarse políticamente para ejercer una influencia positiva, y dar apoyo en el camino de despegue y calidad de vida de sus vecinos.

Es apreciable también la función de los “formadores y capacitadores” en las grandes líneas de una doctrina nacional, no dogmática, para situar en el marco del ser nacional el esfuerzo de reconstrucción del país. Sobre todo, evitando los errores de un “basismo” exagerado y aislacionista, más propenso al ideologismo y la protesta, que a la propuesta y el trabajo.
En este contexto, y quizás por encima de los esfuerzos más comprometidos y expuestos, se halla el ejemplo de los padres y diáconos de las parroquias pobres. Nos referimos especialmente a los “curas villeros” aplicados a una obra educativa y promotora del trabajo, que avanzan en una tercera posición, equidistante de las teologías extremas, y de aquellos sacerdotes de feligresías estáticas y rutinarias, indiferentes a la pastoral social permanente y hoy culminante del Padre Jorge.

Una victoria nacional, no pírrica

La historia triunfa sobre la muerte cuando encuentra generaciones dispuestas a comenzar de nuevo. En el caso de la Nación, que es la cúspide de la edificación cuyos cimientos insinuamos, implica el eterno retorno del Movimiento. El peronismo no es la única fuerza que lo compone, pero es el eje principal que debe unirse para convocar a todos. Este dilema, repetido en las variantes posperonistas tiene la acostumbrada complejidad de que un proceso tan multitudinario requiere la conjunción  equilibrada de liderazgo carismático y desarrollo institucional.

El liderazgo aislado, o rodeado de un círculo “amiguista”, termina comerciando influencias y girando hacia el autoritarismo. Mientras que el juego burocrático de candidaturas amañadas, con acomodados y aparatos dudosos de campaña, tienden a disolverlo en un partido más del régimen falaz, funcional a los poderes dominantes. Así ocurrió con los conservadores, los radicales y los socialistas.

La angustia existencial de algunos viejos militantes es la posible extinción del núcleo doctrinario y paradigma de políticas estatales para una planificación estratégica y no una simple gestión de gobierno. Y para otros, la confusión política que escenifican dirigentes que quieren hacer primero una alianza ambigua, para intentar después la conquista de la conducción peronista. Y en medio de todo, la ausencia de autocrítica, la falta de asumir responsabilidades por lo actuado, y la obcecación en defender actitudes que nos llevaron a la derrota.

Estas faltas, contradicciones y divisiones deben ser resueltas con sinceridad y firmeza, para que un triunfo electoral, sea también un verdadero triunfo político, no pírrico. Ya que enfrente no tenemos un adversario sagaz y exitoso, sino un grupo codicioso de empresarios peleados por sus negocios personales; y atrapados, sin salida a la vista, por las imágenes autorreferenciales de sus propias ficciones.
JULIÁN LICASTRO
Sede de la Regional ASIMRA, Partido de San Martín, diciembre de 2016.

domingo, 30 de abril de 2017

EL TRABAJO ES EL EJE ORGANIZADOR DE LA COMUNIDAD




En el valor del trabajo se anida la fuerza espiritual que motiva el progreso de las personas y los pueblos. Cuando él no existe, sea por excesiva opulencia o por extrema miseria, la vida extravía su sentido humanista y cunde el vacío existencial o la desesperación de la impotencia. Por esta razón crucial, la laboriosidad ha sido exaltada como constructora del marco de desarrollo de las más diversas civilizaciones; y considerada el eje organizador de las comunidades que mejor las representan.

Hablar del trabajo abarca el sinónimo social de la larga lucha del los trabajadores por la dignificación de su condición, el reconocimiento de su esfuerzo y la libertad de sus distintas formas de expresión, agrupamiento y acción. Temática que alcanza su mayor nivel cuando, en fechas memorables para la historia social, mostraron su protagonismo en la esfera de las grandes decisiones de las que estaban excluidos. En la Argentina, este hecho glorioso fue el 17 de octubre, gestado desde los ancestros de una incipiente conciencia nacional, volcada espontáneamente en una inédita movilización de masas, que consagró a Perón en un liderazgo popular inigualado.

El ser nacional en su proyección social

Esta impronta evidente, pero no excluyente de quienes tienen otra tradición política, implica la vigencia de un núcleo constituido por los signos, símbolos y creencias que erigen el “Ser Nacional” como faro orientador de un pensamiento operativo y programático, adaptado a las actuales circunstancias; pero también nutrido por un cúmulo invalorable de experiencias sociales. La posibilidad propia del Movimiento se recrea así ante la dinámica de una realidad contundente, que impone la verdad sin artificios, sobre la polarización efímera de los relatos proselitistas.

En el aspecto de fondo, la tarea estratégica iniciada por el peronismo histórico, en parte cumplida y en parte pendiente, nos convoca hoy a preservar la democracia constitucional de las tendencias manifiestas de “gobernar de hecho”, con la inacción casi total del parlamento y la tergiversación reglamentaria de las leyes aprobadas por el Congreso. Pero preservar la democracia, que tanto nos costó restaurar a nosotros, y no a los empresarios especuladores que colaboraron y lucraron con la dictadura, exige también perfeccionarla deslindando posiciones con los extremos violentistas de ambos signos, y facilitar el camino pacífico de la participación activa del pueblo y sus organizaciones sociales libremente gestionadas.

La cultura del trabajo y la producción

La cultura del trabajo ubica al capital al servicio de la economía y ésta al servicio de la ciudadanía. Su centro de gravedad es la tarea productiva, equidistante del consumismo exacerbado y la apuesta financiera especulativa. Porque el empleo genuino enlaza cotidianamente vocaciones personales, vínculos familiares y relaciones solidarias que trascienden todo reduccionismo mercantil. Son los miles de emprendimientos y pequeñas empresas concebidas como formas entrañables de vida en común; lejos del subsidio sin destino, la deformación del mercado interno por la mala praxis comercial de las corporaciones, y la explotación abusiva de nuestros recursos humanos y naturales.

El mundo del trabajo y la producción vibra al unísono en un mensaje mayoritario, sencillo y potente, que no se puede desoír, so pena de frustrar el objetivo imprescindible de la unión nacional. Vía inaccesible para la tecnocracia autoritaria, que simula buenos modales en los estudios televisivos, sin hacer nada concreto para tomar distancia de sus intereses sectoriales y consensuar las pautas verdaderas de una salida de la crisis hacia el crecimiento y el desarrollo sostenido.

La gran paritaria nacional de la concertación económica y social

Disponerse a dialogar en busca de consenso, con paciencia y constancia, presupone, no la actitud despreciativa de la discriminación que profundiza la “grieta” o fractura de la sociedad, sino la consideración mutua de los actores tripartitos para un debate serio de sus propuestas bien fundamentadas. Es el modo de salir “por arriba” del laberinto de inflación y recesión que destruye los puestos de ocupación y empleo, especialmente en la matriz industrial y sus derivados fabriles.

El movimiento gremial tiene que estar a la altura de este desafío en las complejidades de una nueva escena geopolítica regional y mundial de grandes cambios e incertidumbre. Porque hasta los países centrales se han decidido a acotar el poder de las transnacionales, para la protección de sus mercados de trabajo y consumo. Ocasión para destacar al legado previsor de Perón, que anticipó la evolución del sindicalismo corporativo al sindicalismo comunitario, con la actualización de su paradigma de principios y procedimientos. Este reto inexorable exige la capacitación intensiva de sus nuevos cuadros y el recambio progresivo de los viejos dirigentes. Factores necesarios para revalidar la fuerza de su concepción doctrinaria y de su capacidad estratégica y táctica.

La comunidad nacional como sujeto histórico

La concepción justicialista, desde su gesta fundante, tiene una opción preferencial por los trabajadores, dada la especial función  que cumplen sus organizaciones en la base social de un país que ansia realizarse plenamente, sin recurrir a la violencia emboscada de un foquismo estéril. Para nosotros no se vence con las armas, sino con la inteligencia y la organización que provienen de una convicción inexorable. Esta preferencia, no es sectorial ni excluyente, porque respeta al conjunto del sujeto histórico que surge de la integración solidaria de la comunidad nacional.

Por lo demás, el justicialismo considera que en la justicia social no hay derechos sin deberes de cumplimento obligatorio, dentro de un criterio de armonía y equidad. En consecuencia, ningún peronista debe resignarse a soportar la evidencia de conductas insensibles, venales ni desviaciones  económicas. El mundo del conocimiento y la información facilita la tarea indelegable de corregir estas falencias, con una iniciativa orgánica y prudente que construya un consenso de renovación. Porque la organización prevalece finalmente sobre sus adversarios improvisados y necios, como  lo demuestra el modelo estructural de Perón, actualizable pero irreversible en el ciclo largo de la historia.


                                                                                             JULIÁN LICASTRO
Buenos Aires, Mayo de 2017.


sábado, 3 de diciembre de 2016

ENTRE TODOS O NADIE Salir de la chatura conceptual y el encubrimiento de intereses






ENTRE TODOS O NADIE Salir de la chatura conceptual y el encubrimiento de intereses



ENTRE TODOS O NADIE
Salir de la chatura conceptual y el encubrimiento de intereses

Debemos compartir nuestras reflexiones sobre un momento complejo y difícil de nuestra patria. Un momento que resiste cualquier discurso o relato, porque exige una clarificación a lograr en conjunto, referida al ser nacional. Aquí todo aporte es valioso y respetable, a condición de que no encubra su ideología o disfrace su origen.

En mi caso vengo del peronismo histórico; de algún modo, de la historia del movimiento en sus últimos años, por haber sido Secretario Político del único presidente constitucional elegido tres veces por el pueblo argentino. Ya veterano, sigo cumpliendo con la promesa que le hice de predicar el Modelo Argentino, como núcleo de su legado de experiencia y sabiduría.

Su filosofía humanista y pensamiento estratégico siguen vigentes por encima del oportunismo de quienes, invocando su nombre, no siguieron su enseñanza ni aman su recuerdo. Su doctrina no es un dogma sectario ni excluyente. Comprende soberanía política, independencia económica y justicia social válidas para todos, según el axioma: “para un argentino no debe haber nada mejor que otro argentino”.

Fui testigo privilegiado del histórico abrazo de Perón y Balbín, y de su ofrecimiento para integrar una fórmula que, a su muerte, impidiera la lucha civil. Simbólicamente, todavía estamos bajo el manto protector de este abrazo, que significa la paz de la convivencia necesaria y la unión posible en la diversidad de trayectorias ciudadanas.

Hoy no existe una conducción suficiente encarnada en estadistas de esa talla, y quien quiera abrogarse una autoridad hegemónica corre el riesgo de tropezar con “la realidad que es la verdad”. Cualquier atajo institucional, mal aconsejado por sabios ignorantes, revierte en contramarchas, suspicacias, sospechas y pérdidas de tiempo.

Mientras algunos dicen que aprenden en esta nueva situación, la política confunde, la economía impacienta y lo social angustia. La esperanza, reducida a mera expectativa, es débil.

Todos debemos sentirnos responsables de esta encrucijada, para superarla con medidas concretas y justas. Unos, gobernando con equilibrio,  honestidad y apertura al diálogo, sin arrogancia. Otros, proponiendo soluciones sustentables y sinceras.

No necesitamos dirigentes de actuación, ni declamación: necesitamos dirigentes de acción. La conducción es un arte superior no sustituible por ningún manual de imagen. Y menos de asesores costosos y miopes para captar las vivencias y creencias del pueblo.
Lo bueno de la falta de hegemonismo no es inventarlo, sino aprovechar para crecer en lo institucional, evitando el sectarismo, la polarización y el caos.  Este desafío no admite la banalidad, sino un conocimiento en acción, que piense para hacer y hable para organizar. En una crisis lo que vale es lo orgánico, la improvisación, tarde o temprano, se diluye.

El peronismo demanda una autocrítica constructiva pero muy profunda; transparentar sus procedimientos, y conjugar su recomposición con las corrientes realmente solidarias, no vividoras del subsidio crónico y humillante.

En la esfera pública, no limitarse a optar sesgadamente por un aparato grande o reducido, sino construir un Estado presente y eficaz con funcionarios probos: “el hombre es bueno, pero mejor si se lo  vigila”.

La democracia representativa (gobierno de, para y por el pueblo) debe perfeccionarse con la “democracia participativa” (gobierno con el pueblo). La clave es la “cultura del trabajo” que dignifica en lo personal; y en lo comunitario, es el eje de toda organización e integración social.

Una comunidad sin los deberes y derechos del esfuerzo productivo marcha a su decadencia política, destrucción económica y atomización.

En cambio, una república de trabajo reclama un poder ejecutivo de trabajo, un poder legislativo de trabajo y un poder judicial de trabajo, desterrando la indolencia, el acomodo y la politiquería.

La dinámica geopolítica, interna y externa, requiere planificar la “organización territorial” sobre una matriz estratégica. Implica estimular la expansión demográfica de los argentinos dentro de sus fronteras, y un caudal migratorio, no anárquico, sino relacionado a nuestros recursos, para facilitar el empleo productivo, una vez de perpetuar la miseria.

No hay política vieja y política nueva: hay política mala y política buena. La llamada “pospolítica” es la negación de una verdadera voluntad de ser, saber y hacer política al servicio del bien común.

Formar nuevos cuadros políticos, gremiales, profesionales y comunitarios para producir ordenadamente el recambio y la renovación de la dirigencia y sus métodos. No perpetuar la compra-venta de votos por explotación de la pobreza; y dar lugar, sin discriminar, a los liderazgos que surgen de la base social más honda.

La “comunidad organizada” comprende un gobierno centralizado, un Estado descentralizado y un pueblo libre con sus propias organizaciones autogestionadas. Esta concepción abarca la nación, cada una de las provincias y también los municipios. La evolución municipal deja la forma estática de las “intendencias” derivadas de las campañas colonizadoras.

Hoy el municipio comunitario progresa según la calidad de las relaciones de vecindad, la potenciación de sus propios recursos y las iniciativas de su pueblo de arraigo. Su nuevo modo de liderazgo, opuesto al mando por delegación de cuño autoritario, es la llave para acceder prácticamente a la democracia participativa.

La autonomía municipal supera, a la vez, el vecinalismo aislacionista y la regimentación partidista, cumpliendo directamente las aspiraciones y necesidades de la gente. El militante de  verdad libra allí una batalla de presencia permanente en la organización y comunicación de su territorio. Se lo reconoce porque no es indiferente al sufrimiento social, ni lucra con el clientelismo.

En política exterior, vuelve a la escena el concepto de “tercera posición”,  equidistante de viejos y nuevos imperialismos; y defensora de nuestra integridad ante los desbordes actuales de una globalización tecnocrática asimétrica y una mundialización financiera arbitraria.

La matriz especulativa del “capitalismo salvaje”, maximiza sus ganancias deformando el orden internacional: vulnerando normas, evadiendo impuestos y presionando por ventajas dominantes del mercado. Así se concentran monopolios y oligopolios que “dibujan” flujos comerciales entre filiales, contra el control de los países soberanos.

Como respuesta a la aceleración del desorden transnacional surgen como tendencias visibles el nacionalismo político y el proteccionismo económico. Con distintos personajes y formas el fenómeno excede lo electoral, porque crece el rechazo social al deterioro ambiental, el despilfarro de recursos naturales y la destrucción masiva de empleo.

Una fase cultural decadente, agrega la exhibición irritante de la opulencia, el menosprecio de los sectores populares y medios, la negación de los valores comunitarios y la apología de la delincuencia.

Ahora, en vez de congraciarnos con los nuevos ocupantes del poder, debemos asimilar esta lección desde una perspectiva argentina. Nadie vendrá de afuera a hacer por nosotros el esfuerzo pendiente. Ante el derrumbe de esquemas demoliberales considerados “eternos”; tenemos la oportunidad cierta de avanzar con lo nuestro.

Defendiendo el trabajo argentino. Ampliando la plataforma productiva e industrial de todo el país especialmente “el interior del interior”. Resguardando el mercado interno. Rediseñando las alianzas políticas y de mercado con los países hermanos.

Impulsando la aplicación científico-tecnológica propia para aumentar el volumen y el valor agregado de nuestras exportaciones. Promoviendo el capital de riesgo e inversión que crea empleo genuino. Afirmando nuestra opción por la economía mixta, lo que descarta los regímenes extremos de cualquier signo.

Estas decisiones imprescindibles no triunfarán si somos indiferentes y apolíticos (como quieren las corporaciones). Porque hay que combatir la práctica del “libre comercio” al revés, a favor del poderoso. La firma de empréstitos improductivos, con grandes “comisiones” a funcionarios y gestores. Las maniobras de los “fondo de inversión” especulativa que no crean trabajo. Los empresarios falsamente “argentinos” que abusan de la protección con una producción escasa, cara y mala.

La crisis que vivimos tiene un costado positivo, acicateando las transformaciones que venimos demorando. Entre ellas, alivianar la sobrecarga impositiva del ciudadano común, sin privilegios, que cumple y paga. Y gravar como corresponde a las operaciones financieras, extractivas y especulativas.

Imponer, desde el más alto ejemplo, una política de austeridad en los medios utilizados por funcionarios y dirigentes. Y ser implacables en la sanción de quienes hacen negocios incompatibles con su cargo.

Los gobiernos de turno no se debilitan, sino se fortalecen, cuando escuchan a los que saben; y no repiten ensayos que colapsaron.

A diferencia del elitismo egoísta, la verdadera excelencia es generosa. Por eso necesitamos liderazgo sin mesianismo, entusiasmo sin triunfalismo y prestigio sin ficción ni hipocresía.

Y, en nuestra militancia, hagamos gala de respeto sin temor, adhesión sin obsecuencia y lealtad sin sumisión.

 Mercedes, Provincia de Buenos Aires, 2 de diciembre de 2016.                                                
Julián Licastro



domingo, 27 de noviembre de 2016

“EL MUNICIPALISMO COMUNITARIO, LA PREDICA NACIONAL Y EL MOVIMIENTO DE CURAS VILLEROS”





“EL MUNICIPALISMO COMUNITARIO, LA PREDICA NACIONAL
Y EL MOVIMIENTO DE CURAS VILLEROS”

Algunas ideas para compartir

  1. El legado de Perón constituido por su filosofía humanista y pensamiento estratégico sigue vigente, por encima del oportunismo y la impericia de quienes no siguieron sus enseñanzas ni aman su recuerdo.

  1. La “doctrina nacional” no es un dogma sectario ni excluyente, porque comprende la soberanía política, la independencia económica y la justicia social válidas para todos, según el axioma: “para un argentino no debe haber nada mejor que otro argentino”.

  1. La historia demuestra como la dependencia y la injusticia frustraron nuestro desarrollo. Y hoy reafirma nuestros principios esenciales cuando la propia banca mundial advierte a sus socios sobre el agotamiento del  ciclo “fácil” de especulación financiera global.

  1. Una ola de indignación social, aún en los países desarrollados, confirma el rol indelegable de los Estados Nacionales para asegurar la identidad, la prosperidad y la participación de los pueblos.

  1. La “actualización doctrinaria” reclamada por nuestro fundador, sin variar sus consignas permanentes, exige encarar esta nueva etapa con una autocrítica constructiva, la transparencia de los procedimientos políticos y administrativos y  la conjunción con los movimientos solidarios de propuestas positivas y acción transformadora.

  1. Este desafío, no consiente una actitud ociosa o banal. Exige un conocimiento en acción que piensa para hacer y habla para organizar, en cada territorio concreto.

  1. Respecto al rol del Estado, la cuestión no es optar ideológicamente entre un aparato público grande o reducido, sino construir una organización eficaz con funcionarios probos, capaces de potenciar los fondos presupuestarios aportados por el pueblo y asistir en la práctica a las iniciativas de la gente.

  1. En el marco republicano es menester perfeccionar el ejercicio de la democracia representativa (gobierno de, por y para el pueblo), con la “democracia participativa” (gobierno con el pueblo).

  1. La clave es la “cultura del trabajo”  que trasciende la noción capitalista de remuneración y subsistencia, porque es el eje de toda organización e integración social.

  1. Una comunidad, sin los deberes y derechos del esfuerzo productivo, marcha a su decadencia política, destrucción económica y polarización violenta.

  1. Una república de trabajo reclama un poder ejecutivo de trabajo, un poder legislativo de trabajo y un poder  judicial de trabajo, descartando la indolencia y la politiquería.

  1. En la gran política lo más importante es decidir desde lo propio el “modelo de país” que anhelamos.

  1. En esta tarea, el grado de unión a lograr por la concertación de políticas de Estado,  es siempre el recurso de conducción más importante, porque garantiza la convivencia social.

  1. La dinámica geopolítica interna y externa necesita una planificación seria de la “organización territorial nacional” sobre una matriz estratégica sustentable.

  1. Implica una expansión demográfica argentina y una canalización migratoria, no anárquica, sino en relación fructífera con nuestros recursos naturales y geográficos, y  la facilidad de empleo productivo.

  1. El concepto de “comunidad organizada” está constituido por un gobierno centralizado, un Estado descentralizado y un pueblo libre, que puede participar activamente con sus organizaciones autogestionadas.

  1. Esta articulación integral comprende la nación soberana, las provincias que la componen con su propia idiosincrasia y también los municipios. La evolución municipal significa dejar atrás la forma estática de las  “intendencias”,  derivada de las viejas campañas colonizadoras.

  1. Hoy, el municipio comunitario progresa naturalmente según la calidad de las relaciones de vecindad; valora su pertenencia territorial donde debe potenciar sus recursos; y motiva una conducción cercana y directa ligada a las iniciativas de su pueblo de arraigo.

  1. Su nuevo modo de liderazgo, opuesto al mando por delegación de cuño autoritario, es clave para el desenvolvimiento de la democracia participativa. Ésta solo depende para progresar del impulso y la dinámica de sus residentes.

  1. La autonomía municipal, dentro de la unión en la diversidad, supera el vecinalismo aislacionista y la regimentación partidista, para cumplir con honestidad, todas las aspiraciones, necesidades y esperanzas de la gente; incluyendo al movimiento de los curas villeros desplegado en las zonas más difíciles y carenciadas.

  1. La vigencia de la “tercera posición”, equidistante de viejos y nuevos imperialismos, resulta eficaz frente a la globalización tecnocrática y la mundialización financiera. Ambas acciones vulneran las fronteras nacionales y requieren respuestas creadoras y efectivas para defender nuestra integridad.

  1. Es crucial no repetir la experiencia de ajuste interno y gran endeudamiento externo porque colapsa. Atender la emergencia social, pero con horizonte en el pronto desarrollo de nuestra potencialidad productiva, y en la educación y capacitación para el trabajo genuino.

  1. Profundizar la formación de nuevos cuadros políticos, gremiales, profesionales y comunitarios, para producir el recambio ordenado y la renovación de la dirigencia. Dar lugar a los liderazgos que emergen de la base social más profunda.

  1. La “pospolítica” es la negación del arte de la conducción. Todo funcionario elitista miente su capacidad, su proyecto y su gestión, porque se encubre en la ficción de los asesores de imagen.

  1. El militante de verdad libra una batalla de presencia permanente en su territorio al servicio del bien común. No es indiferente al sufrimiento  social, ni lucra con el clientelismo. Su estrategia organizativa incluye la amalgama de lideres comunitarios, equipos doctrinarios y grupos parroquiales para mantener en alto la fe, la esperanza y la solidaridad en la Argentina como tierra de promisión.






domingo, 20 de noviembre de 2016

TENDENCIA EN LA NUEVA ESCENA GLOBAL: NACIONALIMO POLÍTICO Y PROTECCIONISMO ECONÓMICO Resúmen de los contenidos desarrollados en los reportajes emitidos por AM 170 Radio Mi País, el 15/11/16 y FM 91,5 radio del Sol de Pilar, el 17/11/16

Tendencias en la mueva escena global:

“NACIONALISMO POLÍTICO Y PROTECCIONISMO ECONÓMICO”

Principales  conceptos

  1. La globalización tecnológica y finaciera, por su concentración de poder arrasa toda decisión propia, aún de los países más desarrollados.

  1. La matriz especulativa del “capitalismo salvaje”, carente de reglas, baja sus costos al mínimo y aumenta sus ganancias al máximo, deformando el intercambio internacional a favor del “mundialismo privatista” de la corporaciones.

  1. Este proceso se presenta inspirado en el “principio” de competencia, pero opera sin transparencia para presionar gobiernos, vulnerar normativas, evadir impuestos y obtener ventajas dominantes del mercado.

  1. A la vez, oculta la propiedad de la acumulación transnacional en una red intrincada de “ingeniería” accionaría, infligiendo déficits comerciales artificiosos a los países soberanos.

  1. Así se establecen monopolios y oligopolios que ”dibujan flujos comerciales, tecnológicos, de servicios y patentes para eludir el control estatal. Esta relación aritmética, acentuada en las últimas décadas, ocurre a expensas del deterioro ambiental, la enajenación de recursos naturales y geográficos y la destrucción masiva de puestos de trabajo.

  1. La cultura del trabajo es dañada como factor de dignificación personal y eje organizador e integrador de la comunidad. La desigualdad y la falta de oportunidades de empleo y progreso alteran la situación social hasta hacerla inmanejable.

  1. Paralelamente, la “comunicación mediática” transnacional, con el vertiginoso impacto de las grandes cadenas, por encima de toda asimilación informativa, descarta los valores calificados de “viejos”, sin aportar nada a una nueva ética de convivencia y solidaridad.

  1. En una fase decadente, se da la exhibición irritante de la opulencia, el menosprecio de los sectores medios y populares y la apología directa o indirecta de la delincuencia en sus múltiples manifestaciones.

  1. Con este panorama desgastante, el ciclo transnacional actual se satura en sí mismo. En lo político, el rechazo creciente empieza a buscar alternativas por fuera de la “clase dirigente” cerrada en sus propios negocios.

  1. En lo económico, la gran banca finaciera aconseja a sus asociados, dejar los planes de la llamada “renta fácil” para invertir en activos reales, blanqueando parte del capital.

  1. De este modo, se resiente el dogma  que vincula la democracia con el desarrollo capitalista, planteando una etapa de nacionalismo y proteccionismo, como tendencias de la nueva escena global.

  1. En este sentido, suma el descrédito total de las encuestas, los análisis y la prensa que, sin objetividad ni equilibrio, sirven ostensiblemente a intereses de círculo.

  1. Ahora, no debería preocuparnos tanto el congraciarnos con los nuevos personajes hegemónicos, sino asimilar esta lección histórica desde un pensar situado en la experiencia argentina. La dependencia intelectual y material externa, está unida a la frustración interna de la realización nacional.

  1. El poder “simbólico” del dinero, por la sobreemisión de  divisas en papel, más la creación de dinero electrónico, tiene una valoración “virtual”, apuntalando en despliegues imperiales y bélicos.

  1. Para ejercer su influencia en la realidad concreta lo simbólico necesita contar con dirigentes locales cooptados por la “colonización pedagógica” (pensamiento “correcto” o dominante).

  1. En la lógica de la verdadera conducción no hay que negar la realidad, que es la verdad, sino transformarla positivamente en función del bien común. 

  1. En esta instancia de cambios dramáticos, que derrumban esquemas considerados “eternos”, tenemos la oportunidad de concordar el modelo de país que anhelamos y construirlo entre todos.

  1. Reencontrar la equidad y la ecuanimidad perdida, asegura la libertad, que sin justicia es libertinaje y culmina en opresión. Por consiguiente: defender el trabajo argentino, ampliar la plataforma industrial y resguardar el mercado interno; pero evitando que el abuso de la protección lucre con una producción cara y mala.

  1. No practicar el “libre comercio” al revés con tratados bilaterales leoninos y empréstitos onerosos e improductivos, que pagan “comisiones” a los funcionarios y gestores.

  1. Impulsar la aplicación científico-tecnológica propia, aumentado la calidad de nuestras exportaciones. Promover al capital de riesgo e inversión, neutralizando las operaciones especulativas, y descartando los regímenes extremos de cualquier signo.




miércoles, 9 de noviembre de 2016