martes, 19 de mayo de 2015

PERFECCIONAR EL ESTADO SIN IMPOSTURAS INTELECTUALES



11/2015
PERFECCIONAR EL ESTADO
 SIN IMPOSTURAS INTELECTUALES

La cultura es la elaboración espiritual fundamental de la realización de un pueblo. Su cualidad esencial es su impronta creadora, superando la simple imitación o copia. Esto no significa vedar el acceso a las tendencias llamadas universales, que en rigor alcanzan tal categoría desde un origen nacional; pero sí enriquecer dinámicamente nuestra valoración, sin lesionar la matriz singular que nos caracteriza.

En este sentido trascendente, y no xenófobo, las comunidades que ansían conducirse a sí mismas, y liberarse de las presiones internas y externas que las mantienen dependientes, suelen sufrir la doble “colonización pedagógica” de las ideologías de derecha e izquierda.Son opuestos, tácticamente enfrentados, que comparten, sin embargo, la misma estrategia de importar mecánicamente conceptos procedentes de otras latitudes geográficas e históricas.

Esta tergiversación resulta más evidente en una acepción integral de la cultura, que no se reduce a lo académico, literario y artístico, sino que abarca la fuente inspiradora de creencias profundas, y una filosofía de la vida de raíz comunitaria. Así, preservando los matices del albedrío individual, se expresa en un mismo lenguaje y permite la organización de la sociedad y, dentro de ella,  el equilibrio de sus instituciones.

En la Argentina contemporánea es necesario fortalecer las políticas de Estado en cultura y educación, evitando el autoritarismo que mata la creatividad y el sectarismo que niega la diferencia o la reprime. Luego, el mayor despliegue de nuestra capacidad de pensar, es lo contrario de la actividad rentada de los “teóricos” justificadores de cualquier acción económica, diplomática o política.

En este punto, la honestidad intelectual significa no ocultar ni simular la identidad política. Porque todo debate es válido, a condición de no caer en el “entrismo” que penetra las corrientes mayoritarias para intentar su ruptura y desviación. La ejemplaridad del verdadero pensador exige docencia con decencia, logos con ética; y también tolerancia y discreción sin sobreactuar la exposición mediática ni fingir lealtad por conveniencia.

Las filosofías políticas rigen en ciclos largos de la historia con cimientos casi permanentes. Las doctrinas sociales, que se enmarcan en ellas, actúan, en cambio, en ciclos cortos, por lo que deben actualizarse periódicamente para adaptarse a la evolución de las circunstancias, evitando caer en una rigidez dogmática impropia de la persuasión.

El intelectual diletante actúa sin vocación de resultado, como mero entretenimiento dialéctico y distracción polémica, renuente a trabajar en la formulación de los objetivos y líneas de acción de las políticas públicas. Son intelectuales dedicados a criticar a otros intelectuales en círculos presuntuosos de iniciados, sin las capacidades profesionales y técnicas necesarias para orientar la “metodología de la solución de problemas”.

El pensamiento estratégico, en contraste con el ideologismo cerrado, tiene que seguir los caminos fructíferos de la sinceridad, austeridad y humildad de los grandes maestros. Virtudes imprescindibles, hoy más que nunca, para enfrentar el desafío de una sociedad del conocimiento; en un esfuerzo dirigido al logro científico y tecnológico para la liberación definitiva.

EL DEBER SER DEL ESTADO



10/2015
EL DEBER SER DEL ESTADO

Pensar en concertar políticas públicas, como signo principal de la próxima etapa, supone la definición de un Estado suficiente, capaz de expresar una identidad propia nacionalmente conformada. Es decir, un nivel de conocimiento y reconocimiento con categorías comunes, que permitan formular objetivos y trazar los lineamientos para lograrlos. No significa una opción obligatoria sino preferencial, equidistante del estatismo extremo, y de la reducción neoliberal del sistema institucional para el predominio de las corporaciones.

En esta concepción, el Estado se asienta en un entramado previo de relaciones recíprocas de sentido y lazos afectivos, y en un conjunto de formas culturales sin las cuales no valdrían sus acciones políticas. Porque resumir sus funciones a brindar ciertos servicios y a guardar policialmente el orden, lo condenaría a un rol reaccionario, desconociendo la importancia de la promoción económica y la inclusión social.

Hay, en consecuencia, una dimensión moral de la actividad pública, al no declinar las metas vitales de la comunidad y exigir a todos una rectitud ética. Decir esto no es pecar de ingenuidad, porque la corrupción es la causa fundamental del fracaso de innumerables gobiernos, planes y programas, desviando recursos y desgastando la confianza del pueblo en el régimen democrático.

El Estado tiene, así, una razón de ser y un deber ser. La “razón de ser”, probada en la historia, muestra que las sociedades que subsistieron lo hicieron porque se organizaron en alguna modalidad de Estado como entidad jurídica. Y el “deber ser”, indica que esas distintas formas pudieron evolucionar cuando consiguieron coordinar los intereses de sus sectores internos, y contaron con un cuerpo articulado de funcionarios idóneos. Por el contrario, cuando el bien común desapareció, por la codicia y la impunidad de sus dirigentes, esas sociedades también sucumbieron.

En las cuestiones de Estado, la ley moral no actúa si meramente se declama, porque recién opera incorporada a la práctica. Allí sí, mediante la transparencia pública y el respeto a los cauces naturales de la participación popular, es posible renovar el “pacto de soberanía” implícito en la representación y la representatividad política del ordenamiento institucional.

La evolución correlativa de los procedimientos de conducción y del derecho, especialmente el derecho social y sus actualizaciones, exige agilidad en los criterios de comunicación. En ellos gravitará la carga simbólica que es atributo del ejercicio del poder, y la buena sintonía entre la matriz de emisión de los gobernantes y la matriz de recepción de los gobernados. En su defecto, éstos irán abriendo vías propias de información y difusión política, con medios primarios o sofisticados. Pero la comunicación siempre será un factor clave.

Es necesario pues un clima de persuasión sobre la posibilidad del consenso, dados algunos principios y valores innegables; especialmente en períodos tensos por eventuales modificaciones y cambios relevantes. La tarea consiste en desarmar las “falsas antinomias”, y en cuanto a las verdaderas, evitar que se conviertan en antagónicas al precio de manifestaciones de lucha violenta.

En última instancia, toda autoridad, no sólo legal sino legítima, surge de un acto de credibilidad que se mantiene por el contacto con la sociedad en su conjunto. Si esta conexión se pierde, aparece la tentación de la coerción económica o social que, paradójicamente, es lo opuesto de la fortaleza política. Al tiempo que la sociedad, dividida para retroceder en la defensiva, se va uniendo para avanzar en la participación.

EXHIBICION ELECTORAL O PROPUESTAS VERDADERAS



9/2015
EXHIBICION ELECTORAL O PROPUESTAS VERDADERAS


Pensar es aplicar la facultad distintiva del ser humano a comprender aquello que capta. Constituye la premisa de una obra y, particularmente, el incentivo que “forma el ánimo” para hacer un trabajo. Éste es el sentido a destacar en un pensar metódico, dirigido a un reclamo nacional por aspiraciones y necesidades, lo que exige hablar claro sin artificios ni engaños.

La conducción, que es el arte de las artes, sin el cual no hay orden sino caos, se transmite a través de un lenguaje orientador de la transformación de la realidad. Es un código de palabras e imágenes que explican con propiedad el rol de las distintas actividades de la “polis”, ayudando a armonizar sus funciones complementarias. Sus contenidos surgen de la fuente sencilla de una “filosofía de la acción” que le confiere consistencia, mediante un discurso argumental ético y lógico con centro en la equidad social.

El resultado del pensar productivo, realizado de manera individual o en equipo, es el pensamiento comunitario que, cuando se encuentra bien afirmado, es un razonamiento vivo que se abre a sí mismo para adaptarse a las circunstancias cambiantes de tiempo y espacio. Y que, a la vez, se presta al intercambio enriquecedor de diversos matices, por la corrección mutua y sin recelos de un proyecto compartido.

Alrededor de este juicio y su fuerza motriz, las cosas no permanecen inmutables, pues reciben su impacto oportuno, motivando distintos grados de modificación en las conductas personales, los comportamientos colectivos, las estructuras orgánicas y los procedimientos técnicos. Cuando esta expresión creativa no existe, o cuando es bloqueada por ignorancia o represión, hay una clara señal de peligro, porque se niega el proceso prometedor de una nueva configuración de los vínculos de la comunidad, que es imprescindible para ingresar en un nivel más alto de su trayectoria.

Los desafíos del pensar en el contexto de un sistema democrático comienzan cuando la versión única busca imponerse, por la vía autoritaria, según la conveniencia de un círculo propenso a fingir y por eso deficitario de credibilidad y confianza. O cuando, dudando de su vigencia, el discurso se encierra en consignas superficiales, rechazando debatir en profundidad los cuestionamientos constructivos de la crítica y la autocrítica.

Por estas razones, y máxime en un cuadro de transición, la pregunta “qué debemos hacer”, clave para intervenir en la situación, tiene que estar presidida por una interrogación preliminar sobre “cómo debemos pensar”, y, consecuentemente, cómo trasmitir reflexiones que sirvan al diálogo. La respuesta puede esbozarse como “un pensar para hacer pensar” y llevarnos persuasivamente a una más activa participación, ofreciendo: finalidades claras, aceptación de la realidad y perseverancia en la propuesta de políticas públicas, sin descalificar a nadie por prejuicios.

El enlace entre pensar, hablar y obrar no opera por exhibición electoral, sino por algo concreto que se llama organización; y que en el plano nacional trasciende los partidos en la estructura del Estado.  En la realidad, este orden superior se encuentra entre la idea perfecta de los clásicos, y sus formas imperfectas, que sin embargo no hay que naturalizar para siempre. Al contrario, una reforma equilibrada del Estado, que expurgue sus elementos ineptos y dolosos, será esencial para lograr el éxito de las políticas públicas concertadas democráticamente.

EJERCER LA DEMOCRACIA, AFIRMAR LA REPÚBLICA



8/ 2015

Reflexionando sobre la cuestión electoral

EJERCER LA DEMOCRACIA, AFIRMAR LA REPÚBLICA


Un proceso electoral prolongado, con exceso de listas de candidatos, puede saturar la atención ciudadana sin consolidar los liderazgos necesarios para la  próxima etapa. Por eso es importante repasar conceptos esenciales que estimulen el ejercicio plural de la democracia y a la vez defiendan la integridad de  la república que es indivisible.

Entre estos conceptos hay que distinguir “lo político” de “la política”, donde lo político es el todo que abarca lo profundo del relacionamiento colectivo; y la política es la parte instrumental, criticable cuando se extravía tras los intereses personales de los dirigentes.

La comunidad constituye el marco histórico del desarrollo institucional: tiene causas y efectos políticos que no pueden soslayarse. En este aspecto, “lo apolítico” en rigor no existe, ante el  entramado del “nosotros social” y sus múltiples ramificaciones. La política, en cambio, es la dirección circunstancial aplicada al gobierno, la cual no siempre se ejerce con equidad y eficacia.

Ella resulta especialmente cuestionable cuando trasluce intereses espúreos de personajes asociados para delinquir con la cobertura de la estructura estatal, que pertenece a todos. Y  acaparan potestades públicas, al margen de las excusas ideológicas, atentando contra el bien común: sea con falsas promesas, reivindicaciones ficticias, negación de información oficial y maniobras de corrupción.

Revertir esta deformación crónica insumirá tiempo y constancia, empezando con la tarea de quienes se consideren partícipes y testigos de su comunidad de pertenencia. En ella el individuo suele estar más atento y arraigado, por la influencia local ineludible que marca su identidad. Fenómeno social envolvente que hace que “nadie pueda realizarse en una comunidad que no se realiza”.

La soledad que acecha al individualismo, suele presentar un punto de inflexión respecto del ánimo egoísta que aísla y aliena. Hito de transformación que indica un vuelco hacia la “voluntad de conciencia” y el deseo de acceder a los valores solidarios para combatir la inercia de prácticas antisociales. El nuevo impulso empieza cuando cada uno asume la responsabilidad de involucrarse desde el primer escalón de su ámbito directo. Porque la suma paulatina de espacios organizados hace a una construcción de contención poderosa, contra la fragmentación caótica y la actitud indolente o agresiva.

Seguir con desgano los relatos ideológicos o mediáticos, sin reaccionar frente a la realidad, equivale a consentir la caída de una comunidad en parálisis decadente, donde las consignas se confunden y los buenos ejemplos desaparecen. En una opción distinta, pensar con afán productivo es un camino  factible para empeñar correctamente nuestras energías. La acción positiva crecerá comprobando que se marcha acompañado por quienes también saben llevar la iniciativa.

Lo principal es ir consensuando la estrategia integradora de la comunidad, articulando los diferentes componentes de la sociedad civil y sus organizaciones libres, con el apoyo de un Estado presente, pero no autista en términos de “aparato” insensible. En la coordinación de Estado y Sociedad, resultará imprescindible la descentralización por unidades territoriales, municipales y regionales, que expresan una democracia cercana a las bases para su mayor protagonismo.

La sociedad es la base del Estado, que debe servirla y no traicionarla con funcionarios prepotentes que limitan su desarrollo. Por esta razón, los reformadores eficaces de estructuras caducas tendrán que crear conceptos válidos para una adecuada “toma de posición” con ideas y sentimientos innovadores. En esta definición se concreta el paso previo y motivante de una intervención comunitaria decidida en los problemas de acción pendiente.

sábado, 2 de mayo de 2015

En el desarrollo de las primarias APRENDER DE LOS ACIERTOS Y ERRORES



7/2015
En el desarrollo de las primarias
APRENDER DE LOS ACIERTOS Y ERRORES

La comunidad es una construcción conjunta que trasciende todo aislamiento individual organizando sus relaciones de producción, reproducción y convivencia. Sin el ideal del bien común, que madura como cultura de identidad y arraigo, ella se reduce a un conglomerado amorfo, inestable y violento que frustra expectativas y esperanzas.

La diferencia entre uno y otro estadio de la evolución política, corresponde al progreso de las instituciones y estructuras, y a la solvencia del régimen de conducción y gobierno. La calidad del poder así constituido abre o cierra perspectivas económicas y sociales en cada etapa; encomiando la selección y elección de sus dirigentes en un marco civil centrado en el deber y la satisfacción de participar.

Las campañas electorales resultan importantes porque en ellas se juega el destino de un tramo de trayectoria histórica, con consecuencias que, a veces, comprometen factores claves que hacen a su razón de ser. Por tanto, hay que advertir sobre simulaciones y aventuras que pueden dañar la síntesis vital de la cuestión nacional, que es menester preservar de la fragmentación decadente y estéril.

Hoy, el desarrollo de los comicios primarios ofrece la oportunidad de efectuar un balance metodológico de los errores y aciertos en el modo de ejercer el sufragio, con el objeto de mejorar la acción de fondo enfocada en las elecciones generales. Con este propósito, la referencia debe superar lo táctico con lo didáctico, para contribuir al  esclarecimiento mutuo, que es lo propio de la educación política entre personas libres.

Una falla letal para la democracia es el fraude, real o aparente, por comisión u omisión de las autoridades responsables, máxime en los procedimientos tecnológicos que multiplican el volumen de votos afectados, respecto a las consabidas trampas a escala reducida de ciertos punteros barriales. De igual manera, una “modernidad” mal entendida puede variar la pretensión innovadora de los partidos no tradicionales. Ellos tienen que prevenir las mañas del viejo caciquismo, como la saturación personalista, el uso discrecional del aparato, la opacidad en la administración de fondos y las designaciones arbitrarias o divisionistas.

Lo más positivo del balance, todavía incipiente, es el tono moderado de los precandidatos triunfantes en los distintos espacios, y su disposición a dialogar sobre el eje de políticas públicas concertadas. Dato relevante, después de un tiempo de confrontación excesiva, que revierte ahora en una apertura. Es una amplitud de miras que representa mejor la directriz de la alternancia democrática, respecto al esquema “cambio o continuidad” carente aún de debates y precisiones programáticas.

La unidad requerida no es la uniformidad insulsa entre componentes demasiado semejantes, ni la verticalidad fingida para obtener favoritismo. Por el contrario, es la unión dinámica de aportes esenciales para enriquecer una plataforma compartida. Éste es también el valor de la reflexión política, porque repensar lo actuado, sin engañarse a sí mismo, fortalece la estrategia y anula la tentación del escepticismo y del cinismo.

Revisar los flancos vulnerables de nuestra acción, implica una catarsis de alcance filosófico por su apelación a la sabiduría y la prudencia, que libra a la militancia honesta de los resabios de lecciones vividas dolorosamente. Así permite aprovechar los beneficios de todo lo aprendido en la práctica concreta, para retomar con energía la misión permanente.



Para saber votar DISCERNIR ENTRE REALIDAD Y APARIENCIA



5/2015
Para saber votar
DISCERNIR ENTRE REALIDAD Y APARIENCIA

Desde siempre la alegoría de la luz refiere al conocer, al pensar, a esclarecer la realidad por la verdad develada en el trasfondo de los hechos. Y la alegoría de la oscuridad hace a la ignorancia, la sinrazón, el enmascaramiento de las cosas con olvido del ser substancial. Por eso, en el campo de la política, el conocimiento alienta los hábitos democráticos que la perfeccionan; mientras la ignorancia, incluso la del supuesto intelectual, se queda en la apariencia o la simulación que la desgastan y destruyen.

La trayectoria argentina es una muestra de estas tendencias opuestas, que chocan periódicamente, frustrando la realización de la comunidad que requiere, en cambio, la acumulación constante de esfuerzos virtuosos. Por lo tanto, aprender a competir sin agredir y a disentir sin extremar las diferencias, es el ánimo imprescindible para la convivencia cotidiana, y para construir progresivamente un destino común de grandeza. Únicamente esta visión estratégica, capaz de enlazar a varias generaciones, nos puede sacar de un clima de división, escepticismo o indiferencia que no se compadece con nuestras posibilidades.

En esta laxitud espiritual se esconde, sin embargo, una insatisfacción con los factores preocupantes de nuestra inmadurez civil; además del disgusto íntimo que genera la indolencia ante problemas crónicos que con el tiempo se naturalizan y aceptan. Máxime ante el catalizador de una violencia pre-política que atraviesa el ámbito intrafamiliar, vecinal y colectivo. Pulsión social a prevenir porque potencia la inseguridad, y puede alcanzar formas “ideológicas” de polarización en la catarsis de una crisis no querida.

Así, es difícil progresar en la historia con una tonalidad de cambio y solidaridad, porque falta la “nave” de la metáfora clásica que simboliza el ensamble de Estado y sociedad para mantener el rumbo firme en circunstancias difíciles. He ahí la tarea de restauración a cumplir en lo político, empezando por el debate pendiente del “qué hacer” fundado en argumentos demostrables y fuerza probatoria. Lo contrario del discurso anodino de inspiración publicitaria que todavía impregna a algunos candidatos y los torna ambiguos, volubles e intercambiables.

Las campañas electorales no ocurren para lograr tan magros resultados, sino precisamente para promover el perfil dirigente de todos los candidatos; en especial los pretendientes a los niveles de conducción superior que exigen idoneidad, abnegación, decisión y humildad. En consecuencia, no es la frivolidad ni el improperio la materia prima de una actividad que debe recuperar el lenguaje conceptual y simbólico que consolida el arte del liderazgo, y articula un despliegue de equipos de trabajo y organización territorial. Recambio de ciclo significa conclusión de los “relatos” de uno y otro lado, utilizados para posicionarse ante un “modelo” que ya no existe.  
                                                                                          
Vislumbrar lo nuevo implica el momento propicio para aproximarse a la verdad, porque ocultarla o disimularla transmite incertidumbre y paraliza el impulso de la tarea pendiente. Lo mismo pasa con las verdades a medias: porque gestión sin conducción es mera administración carente de perspectivas; política sin ética es corrupción impune; y ética sin política es simple declamación de falso moralismo. En fin, que la democracia no debe simularse sino realizarse con el respeto al funcionamiento institucional y a la cultura de la producción y el trabajo.

martes, 17 de marzo de 2015

Instituciones fundamentales de la democracia EL ROL DE LAS FUERZAS POLITICAS



3/2015
Instituciones fundamentales de la democracia

EL ROL DE LAS FUERZAS POLITICAS

Para la Constitución Nacional, los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático (Art.38).  Su creación y el ejercicio de sus actividades son libres dentro de una normatividad que debe garantizar su organización y funcionamiento, la representación de las minorías, la competencia de la postulación de candidatos a cargos electivos, el acceso a la información pública y la difusión de sus ideas. A tal efecto, el Estado contribuye al sostenimiento económico de sus actividades y de la capacitación de sus dirigentes; con la obligación consiguiente de las distintas agrupaciones de dar publicidad del origen y aplicación de sus fondos y patrimonio.

Se describe así un régimen de funciones que conforman un conjunto articulado, destacando el rol integral del partido político en la sociedad, especialmente por la necesidad de concordar el principio de elección, con el principio de selección. El primero destaca la votación, por la mayoría, de los candidatos que ocuparán los cargos dispuestos en la convocatoria electoral; mientras el segundo, fundado en la formación y la capacitación, tiende a remarcar la idoneidad necesaria para la gestión ejecutiva o legislativa que a ellos les corresponde. De esta doble condición surge el célebre aforismo que indica que: una de las faltas más graves en una república, es aceptar un cargo para el cual no se está preparado.

Es imprescindible ratificar la amplitud operativa y las múltiples misiones de las agrupaciones políticas. En particular, de cara a la transición emprendida hacia un nuevo ciclo gubernativo, para no volver a cometer los errores y las fallas de los períodos anteriores que, tarde o temprano, frustraron las esperanzas de tantos ciudadanos. Sobre todo, hay que superar la acepción popular de “partido” considerado un aparato profesionalizado, y cerrado en una tarea excluyente de carácter proselitista. Una estructura inerte, fuera de las campañas periódicas, con vacíos en la formulación doctrinaria y programática, y escasa preparación política y técnica de cuadros y dirigentes.

El arte de conducir seres libres es muy distinto al simple oficio de mandar en un régimen de sumisión o servilismo. En la conducción democrática ya el pensar es una praxis, porque tiene un método para concebir y priorizar los argumentos motivantes  de militantes, afiliados y adherentes. Luego la prédica coherente va logrando una unidad de acción voluntaria y solidaria enriquecida detrás del interés general. Éste ideal no desconoce el principio realista de que “todo poder tiende a expandirse”, potenciando la ambición desmedida de personajes venales y círculos de influencia. Pero estos males se moderan o se vencen cuando prevalece el equilibrio y la templanza de los verdaderos estadistas, que saben mantener firme el rumbo estratégico establecido orgánicamente.

El buen comportamiento y rendimiento de una fuerza, en realidad, no empieza en la tarea partidaria; ella requiere el precedente de la educación familiar y comunitaria donde se siembran las primeras nociones y aspiraciones espirituales. Y aunque las vicisitudes de la vida muchas veces parecen desmentirlas, siempre están allí como un faro orientador que hace posible las relaciones de intercambio y vecindad que tejen la trama de la sociedad.  Por el contrario, cuando el respeto mutuo y la reciprocidad moral desaparecen, la estructuración social se paraliza y la comunidad se autodestruye. En consecuencia, el ideal ético, más allá de de cierta “utopía” existe para exigir gobernabilidad, estabilidad y destino al instinto gregario. Y, a la vez, para ofrecer su impulso constructor a la naturaleza singular del hombre, desplegada políticamente en la geografía y la historia de su evolución.

Elevar el debate de contenidos que faltan en las mesas mediáticas; exigir el diálogo entre distintas corrientes para constituir alianzas perdurables; y lograr el clima tolerante que debe facilitar las discusiones racionales, siendo metas importantes no agotan el desafío que enfrentamos  de madurar ahora o decaer definitivamente. Según lo prueban las manifestaciones generadas por la actitud propicia de la base, también necesitamos mejorar masivamente el nivel de las conversaciones cotidianas que entablamos en los lugares de trabajo y en los espacios  públicos. Ya que muchos de los problemas que sufrimos lo son por nuestros hábitos individualistas y prejuiciosos, que nos impiden construir una identidad ciudadana creativa, pluralista y confiada en sí misma.
Buenos Aires, marzo de 2015