lunes, 21 de agosto de 2017

LA UNIDAD EN EL MOVIMIENTO



LA UNIDAD EN EL MOVIMIENTO

Revelación política y continuidad en la lucha

Remarcando, como lo hemos hecho, la creación superior de la estrategia, corresponde nutrirla con los nuevos factores que generan las acciones tácticas de impacto relevante. No hacerlo sería congelar el pensar estratégico como “teorización”, sin incidencia operativa alguna. En la vía correcta, pues, un análisis que busque la verdad en sí, y no la ratificación cerrada de prejuicios, verá abrirse el nuevo horizonte de limitaciones y posibilidades que configura la continuidad de la lucha.

Un instante de clarificación nos dice que estos fragmentos electorales no constituyen el verdadero Movimiento, por su falta de rumbo y coherencia. Y al mismo tiempo, nos indica que ha llegado el momento preciso de plantear, con nuestras voces militantes, la superación de una larga crisis espiritual y orgánica que no subsanaron ni sus figuras más conocidas. Los últimos comicios, por ejemplo, no pueden valorarse por victorias o derrotas, sino en la visión más aguda de que hay un mundo político que muere y otro que nace, si sabemos albergar actualizadamente, y sin exclusiones a priori, los principios y valores de nuestra mejor esencia formativa.

Son un ocaso y una alborada fértiles, donde una renovada potencia de vida organizativa puede representar el comienzo de una gran tarea. Para ello, las aspiraciones individuales deben desplazarse del egoísmo estéril, a otra faceta más positiva de la condición humana encaminada por creencias profundas, gestos persuasivos y debates reflexivos. Actitud que tiene una esperanza ponderada en las diversas formas de participación social, basadas en la intención plena de intuición política del pueblo. Una propensión a “volver a ser en los valores”, porque ellos no sólo encarnan una identidad, sino una reafirmación definitiva en la fusión de lo sensible con lo trascendente.

No hablamos de los próximos dos meses, sino de los próximos dos años, donde nuestra inteligencia guiará la fuerza y la consolidará con los paradigmas de dignidad y justicia. Descartando los dualismos ideológicos que confunden y separan; e insistiendo en los hechos históricos que acentúan los fundamentos del sentimiento de patria. La decadencia de hoy no es la forma final del peronismo que sueñan nuestros adversarios cerriles. Lo más importante es lo que tiene que llegar si realmente “somos, sabemos y podemos hacerlo”.

La salida drástica del escepticismo

Siempre una parte de cada existencia discurre buscando las razones de su designio; y aún muchos mueren sin haberlas hallado. Es lo que Perón consideraba el pecado de “pasar desapercibidamente por la vida”. Por eso no nos culpemos demasiado de aquello que fuimos aceptando. Siempre ocurre así cuando la disciplina se degrada a sumisión, la adhesión se viste de obsecuencia o la medianía se disfraza de moderación. Lo primordial ahora es captar y difundir esta revelación insoslayable, que ya nos impulsa a vencer el desánimo de la frustración y la pesadez asfixiante del tedio y la impotencia. Nosotros no nacimos para “aburrirnos” cuando la alternativa es la lucha por la sobrevivencia nacional.

Tomar una iniciativa, comenzar a organizar y poner algo en funcionamiento. Esta metodología es parte de nuestro aprendizaje de alternativas creadoras: sabiendo que los constructores son más que los destructores, aunque no estén todavía al mando. Situación desgastante a reverti, planificando bien antes de obrar, porque en el obtuso mecanismo del subdesarrollo institucional, muchas veces un absurdo no invalida un error, sino lo consolida por la vía pasional de la obcecación impropia. Tal lo que esperan que hagamos nuestros rivales.

Las cualidades genuinas no pueden permanecer ocultas en los buenos militantes, porque ellas entrañan exigencias de representación a expresarse y cultivarse. Sólo así, con miles de nuevos referentes y predicadores, se producirá la salida drástica del escepticismo; que en caso contrario confirmaría nuestra decadencia. Una vez resuelta la cuestión de la “voluntad política”, con real vocación de poder, corresponderá neutralizar los obstáculos de las peleas necias, y el “orgullo” herido de los dirigentes que ya cumplieron en exceso su ciclo. Y también  sancionar la incapacidad de los ineptos crónicos, protegidos por el “amiguismo” y convencidos de sus virtudes inexistentes.

Comprenderse bien entre compañeros es absolutamente necesario ante el riesgo de divisionismo que fomenta la ingeniería pospolítica. Ellos son campeones en manipulación técnica e informaciones engañosas. Es lo único que saben hacer porque no ven, no escuchan y no sienten la realidad de la gente, que reducen a un factor numérico y de repetición serial, sin caracteres distintivos ni personales.

Planteo realista y  perspectiva histórica 

Nada de esto es fácil, porque conviven la tensiones de las múltiples contradicciones a las que hemos llegado, sin darnos cuenta a tiempo. Y empujados por un ajuste local, regional y mundial provocado por el caos de la economía salvaje. Para empezar a solucionarlo, hay que hacer un planteo realista de los problemas, señalando prioridades e indicando propuestas efectivas de acción. Sin resultados no hay respuesta, sino más discursos vacíos de contenidos originales.

Llega la hora de la verdad. Es la hora cúlmine de la comunicación y la solidaridad de los compañeros; donde el afecto fraterno nos impide ser extraños los unos a los otros, principio y fin de toda comunidad. La justicia, que da nombre a nuestra doctrina, es virtud y sabiduría; mientras la injusticia es vicio e ignorancia. Valga esta definición clásica como vaticinio de triunfo, ante una batalla principal que supere los procedimientos secundarios de la improvisación. Además, tenemos a nuestro favor la perspectiva histórica de la memoria colectiva del pueblo.


Buenos Aires, 21 de agosto de 2017.
Julián Licastro

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