lunes, 18 de septiembre de 2017

AMISTAD SOCIAL Y RECONCILIACIÓN NACIONAL



AMISTAD SOCIAL Y RECONCILIACIÓN NACIONAL


Tropezar y caer para descubrir

Los pueblos que llegaron al protagonismo predestinado por su gran potencial, antes de lograrlo insistieron con el método: “tropezar y caer para descubrir”; contrariando a aquellos sectores obsecados en presumir de sabios, negar errores y continuar en la ignorancia. La mayoría sin embargo, acepta voluntariamente este dolor del sentimiento de país frustrado, pero manteniendo el ideal pendiente como telón de fondo de las discusiones y enjuiciamientos políticos diarios.

La esperanza está así latente en tanto esencia de la condición humana, que no reniega nunca de la ilusión y acepta el tiempo de “maduración” que lleva elaborar pacientemente una verdad comunitaria. Pues acertar anticipadamente, por una capacidad individual sin acompañamiento del conjunto, equivale en sus  efectos prácticos a equivocarse.

El sentido final de nuestro proceder, entre contradicciones políticas habituales, se revela cuando la acción ha culminado y se difunde como parte de la historia. Porque toda historia es ejemplar, de lo bueno y de lo malo, en tanto se la escribe para eso, librada al juicio de la posteridad. Es la comunidad, en última instancia, la que tiene la posibilidad de reconciliar su pasado en una articulación justa, que apunte al porvenir para construirlo entre todos.

Vista en el prisma integrador del diálogo, ciertas diferencias políticas pueden representar diversas modalidades de acuerdo, si se descartan la descalificación del otro y la intolerancia. Esto excede la función restringida de un jefe partidario para apelar a la amplitud del estadista. Él debe incorporar los elementos del desorden en el orden para evitar, con habilidad, no con torpeza, que lo destruyan. Ignorar esta paradoja de la conducción potencia las formas traumáticas de la exclusión, alimentada por tendencias represivas, dejándole la iniciativa táctica a la provocación permanente que “marca la agenda” azarosa de la vida cotidiana.

Teorías imperativas o propuestas prácticas

Las ideas son “imperativas” en el marco frío de la teoría, mientras que en el seno de la práctica se suavizan en “propuestas”. Por esta razón, la mecanización no puede tomar el control de lo que no es mecánico, so pena del reduccionismo tecnocrático que envuelve el interés sesgado de sus negocios. En este aspecto, “Amistad Social” es el clásico término eclesial que refiere a la concertación productiva entre empresarios y trabajadores; aplicado hoy a contrarrestar la especulación desbordada del capitalismo salvaje, sin reglas. Y proteger a los más vulnerables de la sociedad por su emergencia ocupacional, alimentaria y habitacional.


Nosotros, a su vez, consideramos que su significado más trascendente es su paso preconstitutivo de la “Reconciliación Nacional”, pues aquí aparece el sujeto histórico, que es el conjunto de la comunidad. A ella le competen las decisiones estratégicas, como pueblo llano, rechazando el mando discrecional de viejas o nuevas hegemonías que se sientan dueñas del país; alentando la “grieta” mediática, verificada en realidad en la fractura social y territorial de la Argentina.

Las recientes reuniones de la Pastoral Social con la CGT, instituciones que como todas las del país son afectadas por la crisis cultural profunda que nos preocupa, parecen prologar el primer viaje a la patria, como pontífice, del Papa Francisco. Las citas y conceptos de los religiosos y de los gremialistas estuvieron centradas en sus discursos y encíclicas, para que su pronta presencia aliente la adhesión de todos los sectores, oficialistas y opositores, a la voluntad de tender puentes sobre compartimentos cerrados, beligerantes y por ello sin salida.

Cultura del encuentro o arrogancia autoritaria

Cuando la milenaria experiencia vaticana ha percibido conflictos internos o externos de magnitud, no ha dudado en acudir a sacerdotes jesuitas para altos cargos tradicionales del clero secular. La excepción se convierte en regla al buscar “conductores” en una forma especial de ”santidad” ligada a la pacificación por el dominio del arte de la estrategia. Rasgo impreso a la Compañía por su fundador, el coronel español, luego San Ignacio de Loyola (1491.1556), desde sus “ejercicios espirituales” de claras reminiscencias castrenses.

Y el Padre Bergoglio lo ha ratificado con su presencia orientadora en las zonas de conflicto geopolítico más intenso, intercediendo por la paz mundial. Es un prestigio reconocido del que no puede prescindirse para evitar una encrucijada de violencia, de incalculables consecuencias nacionales y continentales. La cual no es una afirmación confesional sino histórica, abierta a todas las personas de buena voluntad.

Desde la campaña de 2015 postulamos “entre todos o nadie” cuya síntesis argumental se publicó en un libro. Allí la palabra “nadie” no quería decir “ninguno” sino “caos”. La peor situación para resolver la grave crisis de identidad y fe nacional que sufrimos en nuestra trayectoria institucional. Por lo demás, la paz espiritual necesaria a la “Cultura del Encuentro” no suprime doctrinas ni programas, al realizarse democráticamente en el modelo de país que ansiamos, aceptando la diversidad de origen, el debate público y la polémica política. Es la manera de superar, por igual, los autoritarismos “prehistóricos” y “posmodernos”, neutralizando las ambiciones desmedidas de cualquier signo. ¿Será posible?

Buenos Aires, 18 de septiembre de 2017.
Julián Licastro

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