martes, 19 de mayo de 2015

EXHIBICION ELECTORAL O PROPUESTAS VERDADERAS



9/2015
EXHIBICION ELECTORAL O PROPUESTAS VERDADERAS


Pensar es aplicar la facultad distintiva del ser humano a comprender aquello que capta. Constituye la premisa de una obra y, particularmente, el incentivo que “forma el ánimo” para hacer un trabajo. Éste es el sentido a destacar en un pensar metódico, dirigido a un reclamo nacional por aspiraciones y necesidades, lo que exige hablar claro sin artificios ni engaños.

La conducción, que es el arte de las artes, sin el cual no hay orden sino caos, se transmite a través de un lenguaje orientador de la transformación de la realidad. Es un código de palabras e imágenes que explican con propiedad el rol de las distintas actividades de la “polis”, ayudando a armonizar sus funciones complementarias. Sus contenidos surgen de la fuente sencilla de una “filosofía de la acción” que le confiere consistencia, mediante un discurso argumental ético y lógico con centro en la equidad social.

El resultado del pensar productivo, realizado de manera individual o en equipo, es el pensamiento comunitario que, cuando se encuentra bien afirmado, es un razonamiento vivo que se abre a sí mismo para adaptarse a las circunstancias cambiantes de tiempo y espacio. Y que, a la vez, se presta al intercambio enriquecedor de diversos matices, por la corrección mutua y sin recelos de un proyecto compartido.

Alrededor de este juicio y su fuerza motriz, las cosas no permanecen inmutables, pues reciben su impacto oportuno, motivando distintos grados de modificación en las conductas personales, los comportamientos colectivos, las estructuras orgánicas y los procedimientos técnicos. Cuando esta expresión creativa no existe, o cuando es bloqueada por ignorancia o represión, hay una clara señal de peligro, porque se niega el proceso prometedor de una nueva configuración de los vínculos de la comunidad, que es imprescindible para ingresar en un nivel más alto de su trayectoria.

Los desafíos del pensar en el contexto de un sistema democrático comienzan cuando la versión única busca imponerse, por la vía autoritaria, según la conveniencia de un círculo propenso a fingir y por eso deficitario de credibilidad y confianza. O cuando, dudando de su vigencia, el discurso se encierra en consignas superficiales, rechazando debatir en profundidad los cuestionamientos constructivos de la crítica y la autocrítica.

Por estas razones, y máxime en un cuadro de transición, la pregunta “qué debemos hacer”, clave para intervenir en la situación, tiene que estar presidida por una interrogación preliminar sobre “cómo debemos pensar”, y, consecuentemente, cómo trasmitir reflexiones que sirvan al diálogo. La respuesta puede esbozarse como “un pensar para hacer pensar” y llevarnos persuasivamente a una más activa participación, ofreciendo: finalidades claras, aceptación de la realidad y perseverancia en la propuesta de políticas públicas, sin descalificar a nadie por prejuicios.

El enlace entre pensar, hablar y obrar no opera por exhibición electoral, sino por algo concreto que se llama organización; y que en el plano nacional trasciende los partidos en la estructura del Estado.  En la realidad, este orden superior se encuentra entre la idea perfecta de los clásicos, y sus formas imperfectas, que sin embargo no hay que naturalizar para siempre. Al contrario, una reforma equilibrada del Estado, que expurgue sus elementos ineptos y dolosos, será esencial para lograr el éxito de las políticas públicas concertadas democráticamente.

EJERCER LA DEMOCRACIA, AFIRMAR LA REPÚBLICA



8/ 2015

Reflexionando sobre la cuestión electoral

EJERCER LA DEMOCRACIA, AFIRMAR LA REPÚBLICA


Un proceso electoral prolongado, con exceso de listas de candidatos, puede saturar la atención ciudadana sin consolidar los liderazgos necesarios para la  próxima etapa. Por eso es importante repasar conceptos esenciales que estimulen el ejercicio plural de la democracia y a la vez defiendan la integridad de  la república que es indivisible.

Entre estos conceptos hay que distinguir “lo político” de “la política”, donde lo político es el todo que abarca lo profundo del relacionamiento colectivo; y la política es la parte instrumental, criticable cuando se extravía tras los intereses personales de los dirigentes.

La comunidad constituye el marco histórico del desarrollo institucional: tiene causas y efectos políticos que no pueden soslayarse. En este aspecto, “lo apolítico” en rigor no existe, ante el  entramado del “nosotros social” y sus múltiples ramificaciones. La política, en cambio, es la dirección circunstancial aplicada al gobierno, la cual no siempre se ejerce con equidad y eficacia.

Ella resulta especialmente cuestionable cuando trasluce intereses espúreos de personajes asociados para delinquir con la cobertura de la estructura estatal, que pertenece a todos. Y  acaparan potestades públicas, al margen de las excusas ideológicas, atentando contra el bien común: sea con falsas promesas, reivindicaciones ficticias, negación de información oficial y maniobras de corrupción.

Revertir esta deformación crónica insumirá tiempo y constancia, empezando con la tarea de quienes se consideren partícipes y testigos de su comunidad de pertenencia. En ella el individuo suele estar más atento y arraigado, por la influencia local ineludible que marca su identidad. Fenómeno social envolvente que hace que “nadie pueda realizarse en una comunidad que no se realiza”.

La soledad que acecha al individualismo, suele presentar un punto de inflexión respecto del ánimo egoísta que aísla y aliena. Hito de transformación que indica un vuelco hacia la “voluntad de conciencia” y el deseo de acceder a los valores solidarios para combatir la inercia de prácticas antisociales. El nuevo impulso empieza cuando cada uno asume la responsabilidad de involucrarse desde el primer escalón de su ámbito directo. Porque la suma paulatina de espacios organizados hace a una construcción de contención poderosa, contra la fragmentación caótica y la actitud indolente o agresiva.

Seguir con desgano los relatos ideológicos o mediáticos, sin reaccionar frente a la realidad, equivale a consentir la caída de una comunidad en parálisis decadente, donde las consignas se confunden y los buenos ejemplos desaparecen. En una opción distinta, pensar con afán productivo es un camino  factible para empeñar correctamente nuestras energías. La acción positiva crecerá comprobando que se marcha acompañado por quienes también saben llevar la iniciativa.

Lo principal es ir consensuando la estrategia integradora de la comunidad, articulando los diferentes componentes de la sociedad civil y sus organizaciones libres, con el apoyo de un Estado presente, pero no autista en términos de “aparato” insensible. En la coordinación de Estado y Sociedad, resultará imprescindible la descentralización por unidades territoriales, municipales y regionales, que expresan una democracia cercana a las bases para su mayor protagonismo.

La sociedad es la base del Estado, que debe servirla y no traicionarla con funcionarios prepotentes que limitan su desarrollo. Por esta razón, los reformadores eficaces de estructuras caducas tendrán que crear conceptos válidos para una adecuada “toma de posición” con ideas y sentimientos innovadores. En esta definición se concreta el paso previo y motivante de una intervención comunitaria decidida en los problemas de acción pendiente.

sábado, 2 de mayo de 2015

En el desarrollo de las primarias APRENDER DE LOS ACIERTOS Y ERRORES



7/2015
En el desarrollo de las primarias
APRENDER DE LOS ACIERTOS Y ERRORES

La comunidad es una construcción conjunta que trasciende todo aislamiento individual organizando sus relaciones de producción, reproducción y convivencia. Sin el ideal del bien común, que madura como cultura de identidad y arraigo, ella se reduce a un conglomerado amorfo, inestable y violento que frustra expectativas y esperanzas.

La diferencia entre uno y otro estadio de la evolución política, corresponde al progreso de las instituciones y estructuras, y a la solvencia del régimen de conducción y gobierno. La calidad del poder así constituido abre o cierra perspectivas económicas y sociales en cada etapa; encomiando la selección y elección de sus dirigentes en un marco civil centrado en el deber y la satisfacción de participar.

Las campañas electorales resultan importantes porque en ellas se juega el destino de un tramo de trayectoria histórica, con consecuencias que, a veces, comprometen factores claves que hacen a su razón de ser. Por tanto, hay que advertir sobre simulaciones y aventuras que pueden dañar la síntesis vital de la cuestión nacional, que es menester preservar de la fragmentación decadente y estéril.

Hoy, el desarrollo de los comicios primarios ofrece la oportunidad de efectuar un balance metodológico de los errores y aciertos en el modo de ejercer el sufragio, con el objeto de mejorar la acción de fondo enfocada en las elecciones generales. Con este propósito, la referencia debe superar lo táctico con lo didáctico, para contribuir al  esclarecimiento mutuo, que es lo propio de la educación política entre personas libres.

Una falla letal para la democracia es el fraude, real o aparente, por comisión u omisión de las autoridades responsables, máxime en los procedimientos tecnológicos que multiplican el volumen de votos afectados, respecto a las consabidas trampas a escala reducida de ciertos punteros barriales. De igual manera, una “modernidad” mal entendida puede variar la pretensión innovadora de los partidos no tradicionales. Ellos tienen que prevenir las mañas del viejo caciquismo, como la saturación personalista, el uso discrecional del aparato, la opacidad en la administración de fondos y las designaciones arbitrarias o divisionistas.

Lo más positivo del balance, todavía incipiente, es el tono moderado de los precandidatos triunfantes en los distintos espacios, y su disposición a dialogar sobre el eje de políticas públicas concertadas. Dato relevante, después de un tiempo de confrontación excesiva, que revierte ahora en una apertura. Es una amplitud de miras que representa mejor la directriz de la alternancia democrática, respecto al esquema “cambio o continuidad” carente aún de debates y precisiones programáticas.

La unidad requerida no es la uniformidad insulsa entre componentes demasiado semejantes, ni la verticalidad fingida para obtener favoritismo. Por el contrario, es la unión dinámica de aportes esenciales para enriquecer una plataforma compartida. Éste es también el valor de la reflexión política, porque repensar lo actuado, sin engañarse a sí mismo, fortalece la estrategia y anula la tentación del escepticismo y del cinismo.

Revisar los flancos vulnerables de nuestra acción, implica una catarsis de alcance filosófico por su apelación a la sabiduría y la prudencia, que libra a la militancia honesta de los resabios de lecciones vividas dolorosamente. Así permite aprovechar los beneficios de todo lo aprendido en la práctica concreta, para retomar con energía la misión permanente.



Para saber votar DISCERNIR ENTRE REALIDAD Y APARIENCIA



5/2015
Para saber votar
DISCERNIR ENTRE REALIDAD Y APARIENCIA

Desde siempre la alegoría de la luz refiere al conocer, al pensar, a esclarecer la realidad por la verdad develada en el trasfondo de los hechos. Y la alegoría de la oscuridad hace a la ignorancia, la sinrazón, el enmascaramiento de las cosas con olvido del ser substancial. Por eso, en el campo de la política, el conocimiento alienta los hábitos democráticos que la perfeccionan; mientras la ignorancia, incluso la del supuesto intelectual, se queda en la apariencia o la simulación que la desgastan y destruyen.

La trayectoria argentina es una muestra de estas tendencias opuestas, que chocan periódicamente, frustrando la realización de la comunidad que requiere, en cambio, la acumulación constante de esfuerzos virtuosos. Por lo tanto, aprender a competir sin agredir y a disentir sin extremar las diferencias, es el ánimo imprescindible para la convivencia cotidiana, y para construir progresivamente un destino común de grandeza. Únicamente esta visión estratégica, capaz de enlazar a varias generaciones, nos puede sacar de un clima de división, escepticismo o indiferencia que no se compadece con nuestras posibilidades.

En esta laxitud espiritual se esconde, sin embargo, una insatisfacción con los factores preocupantes de nuestra inmadurez civil; además del disgusto íntimo que genera la indolencia ante problemas crónicos que con el tiempo se naturalizan y aceptan. Máxime ante el catalizador de una violencia pre-política que atraviesa el ámbito intrafamiliar, vecinal y colectivo. Pulsión social a prevenir porque potencia la inseguridad, y puede alcanzar formas “ideológicas” de polarización en la catarsis de una crisis no querida.

Así, es difícil progresar en la historia con una tonalidad de cambio y solidaridad, porque falta la “nave” de la metáfora clásica que simboliza el ensamble de Estado y sociedad para mantener el rumbo firme en circunstancias difíciles. He ahí la tarea de restauración a cumplir en lo político, empezando por el debate pendiente del “qué hacer” fundado en argumentos demostrables y fuerza probatoria. Lo contrario del discurso anodino de inspiración publicitaria que todavía impregna a algunos candidatos y los torna ambiguos, volubles e intercambiables.

Las campañas electorales no ocurren para lograr tan magros resultados, sino precisamente para promover el perfil dirigente de todos los candidatos; en especial los pretendientes a los niveles de conducción superior que exigen idoneidad, abnegación, decisión y humildad. En consecuencia, no es la frivolidad ni el improperio la materia prima de una actividad que debe recuperar el lenguaje conceptual y simbólico que consolida el arte del liderazgo, y articula un despliegue de equipos de trabajo y organización territorial. Recambio de ciclo significa conclusión de los “relatos” de uno y otro lado, utilizados para posicionarse ante un “modelo” que ya no existe.  
                                                                                          
Vislumbrar lo nuevo implica el momento propicio para aproximarse a la verdad, porque ocultarla o disimularla transmite incertidumbre y paraliza el impulso de la tarea pendiente. Lo mismo pasa con las verdades a medias: porque gestión sin conducción es mera administración carente de perspectivas; política sin ética es corrupción impune; y ética sin política es simple declamación de falso moralismo. En fin, que la democracia no debe simularse sino realizarse con el respeto al funcionamiento institucional y a la cultura de la producción y el trabajo.

martes, 17 de marzo de 2015

Instituciones fundamentales de la democracia EL ROL DE LAS FUERZAS POLITICAS



3/2015
Instituciones fundamentales de la democracia

EL ROL DE LAS FUERZAS POLITICAS

Para la Constitución Nacional, los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático (Art.38).  Su creación y el ejercicio de sus actividades son libres dentro de una normatividad que debe garantizar su organización y funcionamiento, la representación de las minorías, la competencia de la postulación de candidatos a cargos electivos, el acceso a la información pública y la difusión de sus ideas. A tal efecto, el Estado contribuye al sostenimiento económico de sus actividades y de la capacitación de sus dirigentes; con la obligación consiguiente de las distintas agrupaciones de dar publicidad del origen y aplicación de sus fondos y patrimonio.

Se describe así un régimen de funciones que conforman un conjunto articulado, destacando el rol integral del partido político en la sociedad, especialmente por la necesidad de concordar el principio de elección, con el principio de selección. El primero destaca la votación, por la mayoría, de los candidatos que ocuparán los cargos dispuestos en la convocatoria electoral; mientras el segundo, fundado en la formación y la capacitación, tiende a remarcar la idoneidad necesaria para la gestión ejecutiva o legislativa que a ellos les corresponde. De esta doble condición surge el célebre aforismo que indica que: una de las faltas más graves en una república, es aceptar un cargo para el cual no se está preparado.

Es imprescindible ratificar la amplitud operativa y las múltiples misiones de las agrupaciones políticas. En particular, de cara a la transición emprendida hacia un nuevo ciclo gubernativo, para no volver a cometer los errores y las fallas de los períodos anteriores que, tarde o temprano, frustraron las esperanzas de tantos ciudadanos. Sobre todo, hay que superar la acepción popular de “partido” considerado un aparato profesionalizado, y cerrado en una tarea excluyente de carácter proselitista. Una estructura inerte, fuera de las campañas periódicas, con vacíos en la formulación doctrinaria y programática, y escasa preparación política y técnica de cuadros y dirigentes.

El arte de conducir seres libres es muy distinto al simple oficio de mandar en un régimen de sumisión o servilismo. En la conducción democrática ya el pensar es una praxis, porque tiene un método para concebir y priorizar los argumentos motivantes  de militantes, afiliados y adherentes. Luego la prédica coherente va logrando una unidad de acción voluntaria y solidaria enriquecida detrás del interés general. Éste ideal no desconoce el principio realista de que “todo poder tiende a expandirse”, potenciando la ambición desmedida de personajes venales y círculos de influencia. Pero estos males se moderan o se vencen cuando prevalece el equilibrio y la templanza de los verdaderos estadistas, que saben mantener firme el rumbo estratégico establecido orgánicamente.

El buen comportamiento y rendimiento de una fuerza, en realidad, no empieza en la tarea partidaria; ella requiere el precedente de la educación familiar y comunitaria donde se siembran las primeras nociones y aspiraciones espirituales. Y aunque las vicisitudes de la vida muchas veces parecen desmentirlas, siempre están allí como un faro orientador que hace posible las relaciones de intercambio y vecindad que tejen la trama de la sociedad.  Por el contrario, cuando el respeto mutuo y la reciprocidad moral desaparecen, la estructuración social se paraliza y la comunidad se autodestruye. En consecuencia, el ideal ético, más allá de de cierta “utopía” existe para exigir gobernabilidad, estabilidad y destino al instinto gregario. Y, a la vez, para ofrecer su impulso constructor a la naturaleza singular del hombre, desplegada políticamente en la geografía y la historia de su evolución.

Elevar el debate de contenidos que faltan en las mesas mediáticas; exigir el diálogo entre distintas corrientes para constituir alianzas perdurables; y lograr el clima tolerante que debe facilitar las discusiones racionales, siendo metas importantes no agotan el desafío que enfrentamos  de madurar ahora o decaer definitivamente. Según lo prueban las manifestaciones generadas por la actitud propicia de la base, también necesitamos mejorar masivamente el nivel de las conversaciones cotidianas que entablamos en los lugares de trabajo y en los espacios  públicos. Ya que muchos de los problemas que sufrimos lo son por nuestros hábitos individualistas y prejuiciosos, que nos impiden construir una identidad ciudadana creativa, pluralista y confiada en sí misma.
Buenos Aires, marzo de 2015

Protagonizar el cambio LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION NACIONAL



2/2015
Protagonizar el cambio
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION NACIONAL


La guía de la llamada “ley de leyes” es imprescindible, también, por una transición anómala, donde un cúmulo de legislación importante es tratada en forma tan rápida como parcial, sin adquirir el peso decisivo de la legitimidad. Ésta, más allá del número formal que puede “aprobar” leyes en determinadas coyunturas, es el criterio republicano por excelencia que promueve el diálogo y el consenso elaborado precisamente en el ámbito pluralista del parlamento. De este modo, la concertación es sinónimo de una comunidad organizada que, si bien está compuesta por diferentes sectores, preserva la movilidad social e integra una identidad definida que es la condición imprescindible para existir y autodeterminarse.

En cuanto a la oposición, dividida, se limita por ahora a anticipar que en un próximo gobierno derogaría lo legislado, descontando la incertidumbre intermedia y resignándose a la pérdida de imagen del país, bastante incomprensible en el exterior. Pareciera que, confirmando las críticas, no a la política, sino a la politiquería, pasamos con bastante improvisación o desaprensión, de la “libertad” sin prudencia que lleva a la anarquía, a la “autoridad” sin persuasión ni tolerancia que niega a los que piensan diferente.

Por esta fragilidad institucional, reiterada en nuestra trayectoria histórica, la carta magna establece su propia autodefensa para las situaciones y actos de fuerza contrarias al sistema democrático (Art. 36). Y los considera insanablemente nulos, condenando drásticamente a sus autores con la inhabilitación perpetua y la exclusión de todo indulto o conmutación de penas. Acciones imprescriptibles que por igual recaen sobre quienes usurpen cargos y funciones, debiendo responder civil y penalmente por ello. Estas duras sanciones se complementan con el reconocimiento al derecho de resistencia ciudadana, determinando un amplio espectro donde se pueden incluir las distintas variantes de las asonadas castrenses, dictaduras cívico-militares y golpes civiles destinados a apoderarse del Estado y sojuzgar a la sociedad.

Lo novedoso, y hasta ahora incumplido de la reforma vigente del año 1994, es que en el párrafo siguiente del mismo Art. 36, se expresa taxativamente que también atentan contra el sistema democrático quienes incurren en graves delitos dolosos contra el Estado que conlleve enriquecimiento. Queda claro, entonces, que la corrupción sistemática, siempre ligada a ineptitud, desidia o asociación ilícita, socava el orden institucional; y merece las manifestaciones civiles de rechazo, en forma contigua a los culpables de las acciones repudiables contra los derechos humanos.

Con esta impronta clara y contundente la Constitución ingresa al principio fundamental de la soberanía popular (Art. 37), garantizando el pleno ejercicio de los derechos políticos y consagrando el sufragio universal, secreto y obligatorio. Con tal propósito, propugna la igualdad real de oportunidades para el acceso a cargos electivos y partidarios, y crea el marco favorable a la organización y funcionamiento de las fuerzas políticas como instituciones esenciales. Conceptos estratégicos para el futuro colectivo, que demandan las medidas preventivas y correctivas que fortalezcan la libre expresión de las preferencias ciudadanas, sobre cualquier intento, previo o posterior, de manipular el acto comicial.

La filosofía clásica que, en los albores de la democracia inspiró su matriz conceptual y el eje estructural de sus formas orgánicas, definió al hombre como un ser político por su naturaleza gregaria y social. Y distinguió a la justicia como la virtud propia de la convivencia pacífica en la comunidad de personas libres (la polis). Es fácil comprender que, cuando ella se debilita o suprime, nos expone a retroceder en la escala de valores y recaer en la insensatez de la violencia y la impunidad.

Buenos Aires, marzo de 2015




¿Hacia una democracia de trabajo? LAS CLAVES POLÍTICAS DE LA TRANSICIÓN



1/2015
¿Hacia una democracia de trabajo?
LAS CLAVES POLÍTICAS DE LA TRANSICIÓN

Es necesario hablar sobre cómo se perfila el nuevo ciclo político para avanzar respecto al reiterado balance- bueno, regular o malo, del ciclo ya agotado. Empecemos destacando el protagonismo creciente de sectores no militantes que se politizan. Son integrantes de la sociedad civil que tienen sus propias ideas y motivaciones referidas a la marcha del país y quieren participar de las decisiones públicas que los involucran. Han demostrado capacidad de autoconvocatoria y sus manifestaciones emergentes de una serie de momentos críticos, han desbordado las diferentes respuestas partidarias. Aunque es natural que esta politización agregue valor a la pluralidad democrática, todavía no alcanza el rango de una cultura política creativa, superadora de la coyuntura. 

Estas manifestaciones multitudinarias constituyen una reacción en los hechos ante la incapacidad de los partidos y los políticos profesionales tan fragmentados, y a la saturación producida por el populismo y el autoritarismo. Es una fase decadente que sustituye la “política-acción” por la “política-actuación”, con preeminencia del espectáculo, el marketing y la banalidad. El resultado negativo resume referencias ambiguas, poca credibilidad y actitudes demasiados cambiantes. Todo queda, finalmente, en un juego numérico de encuestas por la representación, que significa ocupar un cargo, muchas veces sin la condición cualitativa de la representatividad. Esta es una virtud imprescindible, porque agrega a la legalidad electoral la legitimidad política y la eficacia en la gestión de quienes están formados y capacitados como estadistas. 

¿Cómo se revierte esta involución que hoy inhibe el marco institucional básico para el desarrollo del potencial económico y social argentino?. En principio, retomando el camino de la construcción de ciudadanía con la prédica y el ejemplo de principios y valores trascendentes, y estimulando el sentido de pertenencia que es donde se cultivan las virtudes del orden republicano. Una tarea nada fácil ni rápida pero que adquiere gran fuerza para encaminar el futuro con estabilidad, convivencia y grandeza. 

Si bien se ha registrado mediáticamente que la movilización civil es más notoria en la clase media porteña, no hay que olvidar las manifestaciones que a diario se realizan en los barrios de la capital, el conurbano y en todo el país, algunos de gran magnitud reclamando por la delincuencia, el corte de servicios, los graves accidentes evitables, la venta de narcóticos y  la irresponsabilidad en el tránsito. Estos y otros hechos lamentables, ligados directa o indirectamente a la corrupción, suscitan el repudio masivo de sectores humildes y desprotegidos que peticionan con la convicción de sus derechos. Por lo demás, en uno y otro  sector social, hay que considerar que la “movilización” no es sólo “manifestación”, sino un proceso integrado a logros organizativos permanentes. Es decir, promotor en cantidad y calidad de organizaciones libres del pueblo, autónomas del clientelismo y capaces de llevar la iniciativa sin depender de dádivas ni subsidios. 

De otro lado, valores superiores como libertad, verdad y justicia tienen que sostenerse en el arraigo local concreto y no en declaraciones abstractas. Siempre lo “universal” se genera paso a paso y lugar por lugar, para no reducirse a una entelequia ni a un relato. Por esta razón histórica, la construcción de ciudadanía se realiza mejor cuando acompaña la formación de la conciencia nacional que distingue a los pueblos con personalidad e integrados educativa y culturalmente. Allí, además de los sectores medios tradicionales, se expresa el carácter de los productores y trabajadores de un país, porque la unión y pacificación requeridas surgen de un criterio amplio de bien común, dentro de un proyecto compartido. Luego, la democracia no corre el riesgo de quedarse en la apariencia, y se ejerce vitalmente en tanto democracia participativa y justa; todo lo cual constituye con ánimo deliberativo generalizado que puede condicionar la postulación adecuada de un núcleo esencial de políticas de estado, a defender por toda la comunidad después del episodio comicial. 

Nos preguntamos si debemos esperar una transición tranquila o traumática. Sin duda hay que ser optimistas pero no ingenuos. Rescatar a las instituciones exige paralelamente que se rescaten a sí mismas de la ineficacia y la corrupción donde éstas existan. El límite a no traspasar es el uso de la violencia con fines políticos y una malformación del poder con tendencia absolutista: todos somos necesarios, pero ninguno imprescindible. Además, hay que confiar en la trasformación sustancial que se está dando en la base social democratizando la organización territorial feudalizada. Nos referimos al impulso de las comunidades municipales con verdadero liderazgo que abren nuevas perspectivas, por su contacto directo con la gente y sus aspiraciones de trabajo genuino, seguridad y progreso.
Buenos Aires, marzo de 2015