martes, 2 de noviembre de 2010

Nota sobre el sensible fallecimiento del Ex Presidente Néstor Kirchner.

CONTINUACIÓN DE LA VIDA POLÍTICA
POR LA EXISTENCIA HISTÓRICA

En el plano personal, toda desaparición física remite a lo inevitable de la propia, recordándonos la finitud de la vida, y la necesidad de darle sentido por la relación con los otros, mediante un humanismo no individualista sino comunitario. En el plano colectivo, la desaparición de un líder con verdadera influencia en la sociedad, patentiza los límites del poder aún de las personalidades más fuertes, y señala que la historia, la buena historia, es la única dimensión que otorga una continuación de la trayectoria política en el tiempo y la praxis militante del devenir.
Por estas razones, debemos destacar la compasión, en el más alto sentido de un compartir los sentimientos de respeto mutuo, humildad y solidaridad, de quienes sufrimos la fragilidad de la condición humana. Y, en el campo de las luchas por la libertad, saber que los grandes objetivos de realización de un pueblo, son obra de una sucesión ordenada de varias generaciones, que actualizan y trasvasan los contenidos de un proyecto de destino nacional. En esa larga evolución se tienen que asimilar las lecciones del pasado y agregar las correcciones e innovaciones que demanda el presente. Así el populismo inicial, justificado por el quiebre de las viejas estructuras, se va transformando en movimiento nacional y popular, mediante la elaboración de una doctrina no dogmática, el compendio de una programática efectiva y, sobre todo, la educación y capacitación de una amplia franja de cuadros políticos, sociales y técnicos.
Sin esta evolución el populismo se detiene y puede retroceder hasta el estilo autoritario, que ha deformado el corazón de tantas buenas intenciones de cambio. Por el contrario, en la maduración que anhelamos, la organización vence el desgaste natural del tiempo, y los ideales viven siempre, aún después de etapas de represión y oscurantismo. El criterio de verdad es, sin duda, la voz del pueblo, por medio de la cual se manifiesta el espíritu universal de la providencia. Por eso es prematuro decir que se ha agotado todo un movimiento histórico y ha surgido otro; y es más prudente afirmar, como rezaba un cartel anónimo en la Plaza de Mayo: “Néstor con Perón, el pueblo con Cristina”.
Es cierto, el homenaje a Kirchner vino de la mano del apoyo total a la Presidenta , con una espontánea, emotiva y pacífica demostración de fuerza afectiva, en el mejor espíritu de la celebración del bicentenario: hechos ambos nunca imaginados por la profecía del odio, derrotada por la esperanza del amor social que se llama solidaridad. Plebiscito sin marketing publicitario ni veleidades de candidaturas sin arraigo ni contenido, frente al reconocimiento y el agradecimiento del pueblo llano, expresado sin interferencias mediáticas en miles y miles de testimonios sencillos y concretos.
Sólo la unidad detrás del orden constitucional, no reducido a lo formal, sino abierto al perfeccionamiento de una democracia participativa, puede garantizar la continuidad y profundización de un modelo que, aún con matices, restaura lo esencial del peronismo: dignidad nacional; justicia social e igualdad de oportunidades; desarrollo económico con identidad cultural y creatividad tecnológica. Ahora, por suerte, con el florecimiento de la tesis continentalista de Perón, Vargas e Ibáñez del Campo, cuya frustración a cargo de los sectores dominantes de Argentina, Brasil y Chile, posibilitó los golpes de 1955, 1966 y 1976.
Pero hoy está UNASUR, vigente y encaminada, más allá de todo aquello que aún falta hacer, como reaseguro de nuestras democracias ante las transnacionales y su guerra de monedas, mercados y recursos. Es el proyecto que hizo a Néstor Kirchner estadista, al par que en lo interno recuperaba la política -no la tecnocracia- en tanto herramienta de trasformación; y la ubicaba en el centro de la escena como vía real de debate y participación popular, especialmente de las nuevas generaciones. De allí el rebrote, inusitado para algunos, de una juventud ávida de manifestarse e involucrarse en los avatares que definirán el porvenir de nuestra patria.
Éste es el juicio de quien tuvo el privilegio, quizás inmerecido, de acompañar a nuestro líder fundador en la difícil época de su tercera presidencia, por el camino de la lealtad. Y por el hecho objetivo de no haber pertenecido al círculo de dirigentes que rodeó de inicio a Néstor y Cristina, entonces desconocidos para muchos viejos militantes. Sin embargo, nuestra presencia hoy en la despedida de un compañero singular, por su propio estilo de discurso y conducción, quiere referenciarlo a todos aquellos argentinos que, con sacrificio heroico y más allá de aciertos y errores, no vacilaron en jugarse la vida por sus ideales.
Quienes sobrevivimos, con una experiencia adquirida en la lucha, que es nuestra modesta parte de sabiduría, tenemos la obligación ética y política de estar dispuestos a contribuir en la formación de las nuevas generaciones que toman ya la bandera irrenunciable de la conciencia nacional. Para que la Argentina crezca desde el dolor y por el amor, sin arrogancia ni olvido. Con pasión, sin violencia; y con unidad substancial fortalecida por el respeto a la diversidad, la disidencia y la oposición democrática.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Presentación último libro de Julián Licastro.

El martes 26 de octubre a las 18 hs el Embajador (r) Julián Licastro presentará su último libro "Política y Estrategia" en el Círculo de Legisladores de la Nación.Mitre 2087 piso 1ª.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Exitosa inauguración del CEDIR.













Con una numerosa y selecta convocatoria fue inaugurado el Centro de Estudios Institucionales de la Defensa y la Integración Regional- CEDIR , perteneciente al Instituto de Estudios Estratégicos y Relaciones Internacionales- IEERI- del Círculo de Legisladores del Congreso de la Nación Argentina.

- El acto de presentación fue puesto bajo la evocación del padre de la patria Don José de San Martín, al cumplirse un nuevo aniversario de su paso a la inmortalidad. La recordación del prócer, en el marco del Bicentenario de la Revolución de Mayo (1810- 2010) estuvo a cargo del Agregado de Defensa a la Embajada del Perú, Coronel F.A.P Edgardo Calderón Tello, quien se refirió a la gesta épica y proyección histórica del Libertador de Argentina, Chile y Perú; recibiendo un “diploma de honor” por su participación en el evento.

- En el desarrollo del acto académico, y según el programa previsto, expusieron la Sen adora de la Nación (MC) Liliana Gurdulich, Vicepresidenta del IEERI y ex Presidenta de la Comisión de Defensa del Sen ado; el Embajador (r) Julián Licastro ex Jefe de la Delegación Argentina ante la Junta Interamericana de Defensa –JID- y el Dip utado de la Nación (MC) Francisco Patricio Toto, Ex-Vicegobernador de la Provincia de Santa Cruz, Vicepresidente 1º del Círculo de Legisladores y Presidente del IEERI.

- Los expositores enfocaron distintos aspectos del temario propuesto, en forma complementaria, desde la historia institucional del Círculo de Legisladores del Congreso de la Nacional y su marco legal, normativo y orgánico; la creación y funcionamiento, dentro del Círculo, del IEERI para asesoramiento legislativo y otras tareas afines; y la puesta en funcionamiento actual del CEDIR como unidad de estudio en esta materia específica.

- Luego de las palabras de cierre por parte del Dip utado de la Nación (MC) Francisco P. Toto, éste invitó a un “vino de honor” donde departieron animadamente los numerosos participantes al acto: legisladores, diplomáticos nacionales y latinoamericanos, académicos, dirigentes políticos y sindicales, y oficiales de las fuerzas armadas; surgiendo una serie de interesantes iniciativas respecto del próximo plan de trabajo del CEDIR.

- Finalmente, se distribuyó la primera publicación del flamante centro, que está a disposición de quienes así lo soliciten.

Para consultar el texto completo de los contenidos resumidos por los expositores mencionados, consultar la página www.ieeri.com.ar

Donde figuran:

I. Presentación del CEDIR.

II. Introducción al CEDIR

III. Afirmación de Principios y Valores.

IV. Núcleos temáticos a desarrollar.

V. Resumen de cada expositor.



miércoles, 4 de agosto de 2010

Invitación presentación del CEIDIR

El día miércoles 18 a las 18.30 hs en el Círculo de Legisladores de la Nación (Mitre 2087 piso 1) se presentará oficialmente el CEIDIR (Centro de Estudios Institucionales de Defensa e Integración Regional).

PROGRAMA DEL ACTO ACADEMICO

Palabras de apertura a cargo de la Senadora Nacional (MC) Liliana Gurdulich, Vicepresidente del IEERI (Instituto de Estudios Estratégicos y Relaciones Internacionales) .

Exposición sobre el CEIDIR a cargo del Embajador (r) Julián Licastro.

Palabras en homenaje al Libertador Gral. San Martín a cargo del Coronel FAP (Fuerza Aérea Peruana) Edgardo Calderón Tello, Agregado de Defensa del Perú en Argentina.

Palabras de cierre a cargo del Diputado Nacional (MC) Francisco Toto, Vicepresidente del Círculo de Legisladores y Presidente del IEERI (Instituto de Estudios Estratégicos y Relaciones Internacionales).

martes, 6 de julio de 2010

Política y Estrategia.


El liderazgo superior es la encarnación del más alto nivel de conducción política establecida como sistema organizado, con la participación de una amplia franja de dirigentes cooperantes imbuidos de un mismo proyecto nacional. Este diseño, coherente más no dogmático, debe tener la virtud de servir a una estrategia con unidad de concepción y de acción, pero descentralizando la táctica aplicada a cada lugar de un vasto despliegue territorial, ejerciendo su propia iniciativa y responsabilidad sin actitudes copistas.

Es una definición general un tanto ideal pero necesaria para actuar en la referencia doctrinal de un análisis crítico constructivo. Este análisis, sin apuntar específicamente a ninguna personalidad pública o figura más o menos representativa, puede contribuir a orientar mejor los ensayos de reconstrucción política que se están intentando a partir del nuevo clima social evidenciado en la especial celebración del bicentenario argentino. Discursos menos confrontativos; renovación interna en partidos tradicionales; y promesas de unidad en sectores disidentes fragmentados, parecen augurar una mayor estabilidad y funcionamiento institucional, dando tiempo y espacio adecuado para la presentación de propuestas válidas en la permanente actualización que impone una sociedad civil activa.

De esta forma se despejan los verdaderos plazos protagónicos de oficialismo y oposición, como corresponde a un verdadero funcionamiento democrático que aleje o descarte los riesgos del accionar por resentimiento; del apresuramiento en los ataques; de la obstrucción o la parálisis parlamentaria y de la inconveniente judicialización de la política. En fin, un beneficioso volver a la prudencia imprescindible del punto de equilibrio y ecuanimidad.

Esta nueva situación, en principio auspiciosa, nos lleva a recordar con espíritu de prédica y humildad, qué debe ser y que no debe ser el liderazgo, en el planteo y solución de nuestros problemas dentro del régimen republicano donde parece que quisiéramos vivir, con una democracia cada vez más eficaz e inclusiva. Porque no se trata de pensar por pensar, ni de pensar para discutir sobreactuando un intelectualismo siempre inocuo en la actividad política -que es en esencia presencia y acción-, sino de pensar

para hacer corrigiendo y transformando los aspectos cuestionados de la realidad.

La teoría y la praxis alcanzan categorías de apoyo cierto a la política real, cuando ingresan al ámbito enriquecedor de la formulación de opciones y alternativas, con ideas operativas concretas y bien fundamentadas. La crítica por la crítica con pretensiones académicas dudosas, y la crítica mediática motivada en intereses parciales o corporativos, no sirven a la acción fructífera del bien común, que debe darle sentido y utilidad al arte-ciencia de la estrategia, aplicada a la resolución de los asuntos civiles más complejos.

Este dar significado y finalidad a la vida de una comunidad nacional de amparo atiende en especial al porvenir, inmediato o mediato, lo cual incluye una dinámica constante e intensa de toma de decisiones. Y toda decisión implica capacidad de resolución y determinación, asumiendo las consecuencias de inclinarse finalmente por uno u otro camino estratégico y táctico. Luego, la irresolución, la ambigüedad y la excesiva cautela de los dirigentes indecisos, que representan el deslucido papel de “héroes a la fuerza”, significan la muerte de la conducción.

El juego de voluntades contrapuestas que es propio de la naturaleza de la acción política, aún dentro del orden constitucional, por supuesto, no deja de ser duro e implacable. Allí naufragan el idealismo sin fuerza objetiva y el escepticismo pesimista y paralizante. Hace falta, en cambio, la combinación de un realismo clásico, orientado por una vocación persistente de innovación y cambio a favor del pueblo, sin caer en la ineficacia de la improvisación y la falta de planes de largo aliento.

Liderazgo es amplitud y no sectarismo; conducción persuasiva y no autoritarismo; oposición constructiva y no cerril; alianzas programáticas y no oportunistas; renovación verdadera y no superposición de figuras fantasmales de la política que “ya fue” y que aparecen como responsables de las etapas preliminares de la última crisis. Quizás el aspecto más lamentable sea que el rol de “partido opositor” lo cumpla en rigor un medio de prensa que comenta todo y de todo, cuando muchos dirigentes no explican nada o hablan por hablar sin decir ni sentir un auténtico mensaje político.

Vale aclarar también que el apoyo crítico, no incondicional ni caudillista, significa una clara suma de fuerzas que no debe descartarse porque resulta clave en los momentos decisivos frente a una contradicción principal. Por lo demás, la definición de ideales y valores compartidos que representa la adhesión doctrinaria, ofrece una plataforma fundamental para afirmar simultáneamente la identidad y la unidad política general de los grandes partidos populares y movimientos nacionales.

Creemos firmemente en un destino de grandeza y felicidad para nuestra patria, en confluencia con el continentalismo suramericano. Será, sin duda, un destino compartido y próspero producto principalmente de nuestro esfuerzo inteligente y continuado en el tiempo, que debe reunir así a todas las generaciones del país. Como expresión de esta esperanza y a diferencia de obras anteriores en que hemos querido homenajear a nuestros viejos maestros, dedicamos estas sencillas páginas a las nuevas promociones de dirigentes argentinos, para con ellos saber ver y poder creer en el futuro.

viernes, 23 de abril de 2010

Bicentenario: reflexiones sobre la participación civil


Las horas emocionales y las horas reflexivas

Se aproxima las fecha celebratoria del bicentenario que preferimos no considerar en el simple expediente del tiempo transcurrido desde el 25 de mayo de 1810, con un criterio simplemente cuantitativo de “años cumplidos”. Resulta más sugerente hacerlo volviendo la mirada al “día del nacimiento” patrio; porque esta perspectiva de análisis nos permite considerar sus causas y motivaciones fundacionales, y comprender las esperanzas proyectadas en un destino imaginado de libertad y grandeza.

De este modo, sin menoscabo de nuestra identidad nacional, podremos repensar críticamente los factores de frustración o desencuentro que nos demoraron en sendas sinuosas o desvíos, respecto a los grandes objetivos postulados por nuestros próceres. Ocurrió que perdida la meta, perdimos también el camino, lo cual exige ahora volver a orientarse para retomar la dirección de avance. El rumbo está señalado, sin duda, por los mismos principios y valores del alumbramiento de hace dos siglos, cuyo significado en el contexto histórico es irrevocable.

Debemos hacerlo, sin abandonar nuestras tendencias políticas, pero por encima de las ideologías y los partidos; o mejor dicho: amalgamando los elementos más positivos de nuestro haz de líneas de pensamiento y acción existentes en una realidad que nos incumbe a todos por igual. En tal instancia, lo único imperdonable es la falta de participación y compromiso en el quehacer ciudadano, que siempre nos afecta y determina, aunque algunos pretendan aislarse y demostrar indiferencia.

En la trama social de las agrupaciones humanas, la decadencia se manifiesta acompañada de una subcultura del pesimismo y el individualismo, porque esta mentalidad se permite negar el optimismo de la acción para no involucrarse en la tarea de transformación pendiente. Por esta razón, la peor crítica política es la de aquellos que no hacen nada; mientras que, en cambio, la mejor crítica es la de aquellos que piensan libremente y hacen lo que deben, y por lo tanto merecen ser escuchados en sus opiniones y reclamos.

La libertad como derecho y como deber

La condición del hombre es el pensar; la condición del pensar es la libertad; y la condición de la libertad es la búsqueda de la verdad. De allí la sentencia bíblica: “sólo la verdad os hará libres”, porque la mentira somete y esclaviza; y ella suele hacerlo con el mecanismo de presentar como un bien general aquello que es meramente el interés particular de los grupos de especulación y dominio.

Hoy las malas artes de la sofística, ya develadas por la prédica de los filósofos clásicos de la antigüedad, se manifiestan en los modernos monopolios mediáticos controlados finalmente por los círculos de poder económico y financiero. Ellos “fabrican” supuestos liderazgos, funcionales a sus objetivos de influencia y presión, mientras difaman o ignoran a los dirigentes honestos que los enfrentan. Surgen así los falsos líderes que terminan desmintiendo sus promesas sociales y por ello, tarde o temprano, reciben el rechazo y la resistencia democrática del pueblo.

En la acción política, superar esta situación exige recuperar niveles significativos de participación civil, para “saber de que se trata” y generar fuerza de impulso tras las alternativas y propuestas correctas. Por definición, esta gravitación participativa no es un hecho individual sino una acción referida al sector donde legítimamente coincidimos, lo que ímplica evolucionar del individualismo inoperante a formas articuladas de organización en la base comunitaria.

Entramos así en el tema de la capacidad de convocatoria de los referentes comunitarios, como modo de reencontrar la credibilidad y la confiabilidad de la polis, que han extraviado las burocracias partidistas encerradas en su propia opacidad. Es un acto reinaugural de la república y de la democracia, que renacen al retomar su voz la opinión genuina de la gente, que se expresa en la palabra persuasiva, se sostiene en el diálogo abierto, y se perfecciona en el debate sincero y constructivo que nunca hay que clausurar.

Gobernar con el pueblo

La democracia ha sido definida como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; sin embargo está en crisis de representación y representatividad a causa de una intermediación política poco transparente y nada eficaz. Ante estas circunstancias que día a día se agravan, cuotas de poder, en la práctica social cotidiana, revierten al seno de la sociedad, pero en los términos caóticos de transgresiones y desbordes por la ausencia evidente de espíritu de convivencia y control democrático.

La gente advierte preocupada esta anomalía institucional y paulatinamente se siente agraviada por una anarquía que no favorece a nadie. ¿Cómo se hace entonces para aprovechar la percepción de un poder propio, que tiene que utilizarse para bien, reformando el sistema a favor de todos? La respuesta es precisamente una mayor participación civil que califique a la democracia por su capacidad de gobernar con el pueblo atendiendo sus opiniones, reclamos e iniciativas de la manera más directa posible.

Es una operación al principio minoritaria, de grupos y sectores más conscientes del potencial objetivo que entraña el saber participar, pero luego se convierte en un cambio de actitud a escala social. Este cambio es imposible de realizar sin el surgimiento paralelo, en cantidad y calidad, de líderes comunitarios integrados en la lógica propia de un movimiento que propague con contundencia las manifestaciones de la base. Por ello estos líderes naturales tienen, antes que nada, que inspirar confianza y adquirir prestigio para lograr el desarrollo de su acción, al margen de las pequeñas disputas de partido y de la frivolidad mediática.

Una verdadera militancia de participación requiere “tomar parte” en la realidad tal como se da, sin excesivas añoranzas nostálgicas de “tiempos que fueron mejores”, ni pronósticos apocalípticos que atemorizan y paralizan toda actividad. Se trata, no sólo de neutralizar las corrientes negativas y desmoralizantes que nos agobian, sino de conducir a franjas crecientes de la sociedad civil desde miles de posiciones activas de liderazgo comunitario; y ayudando a vencer la decadencia democrática con la incorporación de fuerzas nuevas, creativas y de reserva.

Asumir la iniciativa

Por lo demás, el concepto de “poder” se vacía de contenido ético cuando no se afianza en una autoridad legítima y eficaz, en cada jurisdicción del país y en cada institución del estado de derecho: ya que en la verdadera acción política se juegan principios morales porque están en conflicto cuestiones vitales de la condición humana. Por eso, volcar la situación sobre el molde de un plexo de valores y buenos ejemplos, produce la consiguiente extensión del radio de contención de los nuevos líderes, dando no sólo más número sino más fuerza al movimiento social, porque éste acumula la energía que se produce cuando se trabaja seriamente en organización y conducción.

Un movimiento es acción multiplicada por el método de su realización en un escenario social determinado. Es fuerza activa que construye poder, o no es un movimiento. Éste es el sentido político de la militancia de participación, al margen del carácter cerrado y fragmentario de supuestas “vanguardias” burocráticas. La clave organizativa no es compleja, porque la propia problemática que se vive, al madurar la crisis, va proponiendo naturalmente objetivos y acciones a quienes están resueltos a asumir la iniciativa.

El ciclo histórico dicta así sus tendencias apropiadas a los nuevos componentes políticos, que las deben asimilar y asumir sus consecuencias. Este aprendizaje sobre la marcha de los acontecimientos, tiene que reflejarse simultáneamente en la ampliación del frente de acción, descartando la rémora del sectarismo que agotó, precisamente, a la etapa anterior. Por esta vía, y cuando ya exista una masa crítica de cuadros, se operará el recambio, pero no impulsado por la mera ambición de cargos y prebendas, sino con conciencia de aporte a la reanudación del proyecto nacional, que es lo que colectivamente importa y queda en la historia.

La cooperación mutua de las distintas generaciones

Liderar es dar vida a las formas orgánicas de la actividad política o social, por obra de la presencia decisiva de aquellos que tienen la fuerza espiritual y el talento necesario para evitar la rutina y la mediocridad de las estructuras inertes. Esta fuerza, que algunos llaman “carismática”, comienza a gestarse en un núcleo de creencias y convicciones, íntimas y poderosas, que se irradian a los demás como prolongación inconfundible del alma de la conducción.

Sin embargo, expresar “lo nuevo” y tener la vocación de consagrarlo en una reforma profunda de la actitud comunitaria, nunca es obra de un “partido de la juventud”, porque supone un proceso largo que exige constancia para persistir en el tiempo. Luego, la clave está en la organización, y en el enlace de las distintas generaciones, sumando las virtudes y neutralizando los defectos inherentes a cada una de ellas. De la generación juvenil su empuje y entrega pero evitando la intemperancia; de la generación intermedia su capacidad organizativa pero evitando las tendencias burocráticas; y de la generación veterana su experiencia y prudencia pero evitando el escepticismo.

Los pueblos constructores de grandes naciones, lo hicieron así, por encima de todas sus penurias y contrastes, porque siempre creyeron que lo mejor de su historia era lo que estaba por venir. Sin esta expectativa creadora hubieran percibido el futuro como una fusión de obstáculos y amenazas, y habrían perdido la virtud cardinal de la esperanza, que tiene el don de aligerar el camino con entusiasmo y fe.