jueves, 21 de septiembre de 2017

LA VERDADERA DEMOCRACIA ES UNA CREACIÓN CULTURAL PERMANENTE



LA VERDADERA DEMOCRACIA
ES UNA CREACIÓN CULTURAL PERMANENTE


La razón democrática comunitaria

En una democracia comunitaria el valor principal es la soberanía popular, incluso sobre los marcos restrictivos recibidos de la vieja normatividad “conservadora”, que está obligada a reformar para cumplir sus fines reivindicativos. Más allá de una retórica principista, lo que irrita concretamente a los pudientes contra los carenciados es la aplicación de este poder soberano a una mejor distribución de la riqueza nacional. Crece entonces una rivalidad irreconciliable que orilla la polarización, el enfrentamiento y la violencia.

Históricamente los sectores retardatarios, más ligados al sistema de intereses externo que interno, promovieron al golpismo cívico-militar con el argumento paradojal de “salvar la democracia”. La conducción superior del Movimiento tuvo así que ubicarse dinámicamente en un espacio central, ante el intento de desbordar por izquierda con un “marxismo” liberal y la pretensión de obturar por derecha el avance reformista con un democratismo falaz.

Obviamente, en unos y otros existió y existe la “tentación hegemónica” que sólo podría moderarse en un largo ciclo de cultura política, que exige la autolimitación consciente de la voluntad de poder. A tal fin, habría que consensuar un régimen amplio de educación y protagonismo de la civilidad, con instituciones acordes a una proyección de futuro no totalitaria, pero sí de desarrollo compartido e integrado.

Hay aquí una lucha por conquistar el Estado como factor de planificación y facilitación de nuevas estructuras políticas, económicas y sociales. También equidistantes, tanto del viejo plan estalinista de abrogarse la representación excluyente de la sociedad. Y, en el otro extremo, de la ambición elitista de acaparar las facultades decisorias de la comunidad nacional como sujeto histórico.

La tentación hegemónica

Ayer Alfonsín, e incluso De la Rúa, y hoy Macri tuvieron y tienen su “momento hegemónico”. El primero con su propuesta del “tercer movimiento histórico” superador de radicalismo y peronismo al que imaginaba incorporado a su mando. El segundo con su intento fracasado de salvar una gestión desastrosa con la implantación del estado de sitio y la represión policial cruenta. Y el tercero, más agresivo, al pensar que disolvió definitivamente al peronismo aprovechando la oportunidad de un “pejotismo” dividido en varias partes. Como alguien dijo con acierto ”se ve que llevan en su corazón un pequeño Perón”, por la tradicional habilidad de éste en abarcar distintos sectores políticos y sociales, aunque el General resulte inigualable.
 
El propio presidente actual le inauguró un monumento con reconocimiento explicito del “antes y después” que significó la aparición de Perón en la historia argentina. Verdad evidente, al margen de su utilización electoral en la inminencia del comicio. Pero el carisma, la obra y el pensamiento nacional de su legado explican su perennidad, después de décadas de acusaciones de demagogia y cesarismo.

El oficialismo se entusiasma ahora con un peronismo que “provincialice sus intereses” como lo hizo el radicalismo en la década kirchnerista, en busca de apoyos y prebendas del gobierno central. Pero el peronismo sabe que perder su carácter de fuerza nacional implicaría ceder espacios irrecuperables. El tema aquí es otro: cómo instalar figuras que no tengan las limitaciones de hoy, para aspirar a la categoría presidencial con una capacidad de estadistas. Es un proceso colectivo que no se debe ni se puede acelerar con artificios partidocráticos ni negociaciones de cúpula.

Esto no impide concertar leyes y medidas que beneficien directamente al pueblo. Pero sin perder identidad política, ni dejar de ejercer una profunda autocrítica; y realizar a la par una actualización de programas y procedimientos sin traicionar las raíces doctrinarias. Y menos, jugar a desestabilizar al ejecutivo de turno, que será sucedido, normal y pacíficamente,  “si se deja ayudar” por una oposición constructiva.

El regreso de la evolución participativa

Para una presidencia vacilante, que ve más el negocio que el poder y soporta en silencio las graves torpezas políticas de los CEO, el peronismo es inmanejable. Sea en la oposición frontal, o en la cooperación circunstancial, por la impericia dirigencial del PRO que no puede contenerlo.

Un factor perturbador del “quietismo” que desearía disfrutar el neoliberalismo que accedió al gobierno por la desviación ideológica y la gestión fallida del cristinismo, sumado a una pésima digitación de candidatos; y al rechazo de la Iglesia contra las cabezas políticas visibles del narcotráfico en zonas liberadas. Una advertencia para esta administración que aún no ha conseguido crear trabajo y premia la especulación financiera sobre la inversión productiva, dejando fuera de su “proyecto” a más de la mitad del país.

Esta “diferente pero no tanto” acumulación de presiones desde la base, impacta en el funcionamiento “armónico” de las élites que pasan a dividirse y luchar por sus intereses propios, constituyendo el peor enemigo de sí mismas. Luego, por la apertura de estas líneas interiores podrá volver a evolucionar la democracia participativa y no el formalismo vacío de una partidocracia residual al servicio de la codicia desmedida sin fronteras éticas ni territoriales.

Buenos Aires, 21 de septiembre de 2017.
Julián Licastro



lunes, 18 de septiembre de 2017

AMISTAD SOCIAL Y RECONCILIACIÓN NACIONAL



AMISTAD SOCIAL Y RECONCILIACIÓN NACIONAL


Tropezar y caer para descubrir

Los pueblos que llegaron al protagonismo predestinado por su gran potencial, antes de lograrlo insistieron con el método: “tropezar y caer para descubrir”; contrariando a aquellos sectores obsecados en presumir de sabios, negar errores y continuar en la ignorancia. La mayoría sin embargo, acepta voluntariamente este dolor del sentimiento de país frustrado, pero manteniendo el ideal pendiente como telón de fondo de las discusiones y enjuiciamientos políticos diarios.

La esperanza está así latente en tanto esencia de la condición humana, que no reniega nunca de la ilusión y acepta el tiempo de “maduración” que lleva elaborar pacientemente una verdad comunitaria. Pues acertar anticipadamente, por una capacidad individual sin acompañamiento del conjunto, equivale en sus  efectos prácticos a equivocarse.

El sentido final de nuestro proceder, entre contradicciones políticas habituales, se revela cuando la acción ha culminado y se difunde como parte de la historia. Porque toda historia es ejemplar, de lo bueno y de lo malo, en tanto se la escribe para eso, librada al juicio de la posteridad. Es la comunidad, en última instancia, la que tiene la posibilidad de reconciliar su pasado en una articulación justa, que apunte al porvenir para construirlo entre todos.

Vista en el prisma integrador del diálogo, ciertas diferencias políticas pueden representar diversas modalidades de acuerdo, si se descartan la descalificación del otro y la intolerancia. Esto excede la función restringida de un jefe partidario para apelar a la amplitud del estadista. Él debe incorporar los elementos del desorden en el orden para evitar, con habilidad, no con torpeza, que lo destruyan. Ignorar esta paradoja de la conducción potencia las formas traumáticas de la exclusión, alimentada por tendencias represivas, dejándole la iniciativa táctica a la provocación permanente que “marca la agenda” azarosa de la vida cotidiana.

Teorías imperativas o propuestas prácticas

Las ideas son “imperativas” en el marco frío de la teoría, mientras que en el seno de la práctica se suavizan en “propuestas”. Por esta razón, la mecanización no puede tomar el control de lo que no es mecánico, so pena del reduccionismo tecnocrático que envuelve el interés sesgado de sus negocios. En este aspecto, “Amistad Social” es el clásico término eclesial que refiere a la concertación productiva entre empresarios y trabajadores; aplicado hoy a contrarrestar la especulación desbordada del capitalismo salvaje, sin reglas. Y proteger a los más vulnerables de la sociedad por su emergencia ocupacional, alimentaria y habitacional.


Nosotros, a su vez, consideramos que su significado más trascendente es su paso preconstitutivo de la “Reconciliación Nacional”, pues aquí aparece el sujeto histórico, que es el conjunto de la comunidad. A ella le competen las decisiones estratégicas, como pueblo llano, rechazando el mando discrecional de viejas o nuevas hegemonías que se sientan dueñas del país; alentando la “grieta” mediática, verificada en realidad en la fractura social y territorial de la Argentina.

Las recientes reuniones de la Pastoral Social con la CGT, instituciones que como todas las del país son afectadas por la crisis cultural profunda que nos preocupa, parecen prologar el primer viaje a la patria, como pontífice, del Papa Francisco. Las citas y conceptos de los religiosos y de los gremialistas estuvieron centradas en sus discursos y encíclicas, para que su pronta presencia aliente la adhesión de todos los sectores, oficialistas y opositores, a la voluntad de tender puentes sobre compartimentos cerrados, beligerantes y por ello sin salida.

Cultura del encuentro o arrogancia autoritaria

Cuando la milenaria experiencia vaticana ha percibido conflictos internos o externos de magnitud, no ha dudado en acudir a sacerdotes jesuitas para altos cargos tradicionales del clero secular. La excepción se convierte en regla al buscar “conductores” en una forma especial de ”santidad” ligada a la pacificación por el dominio del arte de la estrategia. Rasgo impreso a la Compañía por su fundador, el coronel español, luego San Ignacio de Loyola (1491.1556), desde sus “ejercicios espirituales” de claras reminiscencias castrenses.

Y el Padre Bergoglio lo ha ratificado con su presencia orientadora en las zonas de conflicto geopolítico más intenso, intercediendo por la paz mundial. Es un prestigio reconocido del que no puede prescindirse para evitar una encrucijada de violencia, de incalculables consecuencias nacionales y continentales. La cual no es una afirmación confesional sino histórica, abierta a todas las personas de buena voluntad.

Desde la campaña de 2015 postulamos “entre todos o nadie” cuya síntesis argumental se publicó en un libro. Allí la palabra “nadie” no quería decir “ninguno” sino “caos”. La peor situación para resolver la grave crisis de identidad y fe nacional que sufrimos en nuestra trayectoria institucional. Por lo demás, la paz espiritual necesaria a la “Cultura del Encuentro” no suprime doctrinas ni programas, al realizarse democráticamente en el modelo de país que ansiamos, aceptando la diversidad de origen, el debate público y la polémica política. Es la manera de superar, por igual, los autoritarismos “prehistóricos” y “posmodernos”, neutralizando las ambiciones desmedidas de cualquier signo. ¿Será posible?

Buenos Aires, 18 de septiembre de 2017.
Julián Licastro

miércoles, 13 de septiembre de 2017

LA COMUNIDAD DEL AFECTO EN LA EDUCACIÓN POLÍTICA MUTUA



LA COMUNIDAD DEL AFECTO EN LA EDUCACIÓN POLÍTICA MUTUA


La dimensión espiritual del saber

El acceso al saber crea al maestro. El traza el primer avance sobre el conocimiento político y doctrinario acumulado en un largo proceso colectivo. La conclusión reciproca también es cierta, porque el maestro es ante todo guía espiritual, pues la dimensión superior de la existencia humana no es sustituible por la técnica. Luego, el verdadero maestro es un maestro de vida, sea por la palabra hablada que nos imprime su energía, sea por la palabra escrita que profundiza la reflexión, consolida la enseñanza y facilita la polémica enriquecedora.

Con su ayuda comenzamos a percibir nuestro camino con los ojos de la filosofía y de la historia .Porque la “vida se entiende mirando hacia atrás y se realiza mirando hacia adelante”. En esta paradoja nos encontramos con nosotros mismos para construir nuestro destino irrevocable. Si elegimos mal y edificamos una vida falsa, el tiempo actúa como vengador y nos pide cuentas en el momento más inesperado. Si elegimos bien, al menos en las cuestiones importantes, y corregimos nuestros errores, la duda existencial, que siempre habita la conciencia individual, se alivia con la esperanza de la “misión cumplida”.

Decían los clásicos que el hombre es “el ser que valora”, condición ineludible para crear y ejercer la voluntad de hacerlo, de donde surge la conducta adecuada. Ser, en consecuencia, implica formarse en el esfuerzo y defender la causa asumida para justificar la existencia. Actitud que desafía el sentimiento depresivo de la “nada”, genera un campo específico de acción y, al aceptar los peligros de una militancia honrada, forja el sentido heroico de la lucha.

La valentía exigida ante las pruebas de la adversidad se llama dignidad, más allá del coraje físico. Y el vínculo afectivo entre maestro y discípulo, en el taller apasionante del liderazgo, comienza en el principio de respeto. No hay educación sin voluntad de aprender; por eso, quien niega la consideración, debida, por su versión sectaria y no amplia de la juventud, niega su misma evolución y se condena perpetuamente a la ignorancia.

Conformación de la personalidad política

La autenticidad en la conformación de la personalidad política, reclama superar la exacerbación del individualismo para adquirir la fuerza de la pertenencia. Esto no demanda renunciar a la realización personal, sino concretarla plenamente en el seno de la comunidad, compartiendo vivencias, protagonismo y solidaridad. La comunidad, para serlo realmente, requiere organización y conducción como categorías fundantes y como criterios de convivencia. Es la decisión consciente de sus integrantes por constituir una ética pública práctica.



La formación de líderes en todas las disciplinas es una misión de todos, porque si los cuadros no demuestran sus virtudes, los valores no valen y la conducción no conduce. Por eso “poder” es una palabra vacía de verdadero contenido si no se basa en la autoridad moral y la eficacia directiva, algo que no surge del proselitismo vulgar o del acomodo y el reparto. Nace en rigor de un proceso intenso de “toma de conciencia” que reclama cada vez mayor entrega y responsabilidad. Quien elude este compromiso recusa el fundamento de su función referencial y la usurpa, mereciendo su revocatoria.

Tenemos una existencia anterior y otra posterior a nuestro limitado tiempo biológico. La anterior puede rastrearse en la herencia histórica que nos precede; y la posterior advertirse en la posible continuidad de nuestros pensamientos y obras. Estamos involucrados pues en el concepto de ”especie” con instinto de sobrevivencia; y también en la impronta de una cultura de participación determinada. Porque el horizonte de libertad y justicia se eleva mediante logros trascendentes que sólo se alcanzan de manera conjunta.

La “vida activa” más propia de la juventud y la “vida contemplativa” del veterano no antagonizan, al complementarse en el curso constante de la educación y la capacitación política mutua. Con la contemplación y la meditación juzgamos la actividad y la práctica en el marco de una doctrina no dogmática. Mientras que en el desempeño activo, donde la creación deviene a sus formas estratégicas y tácticas, estamos obligados a vernos cara a cara con la realidad, sin excusas ni justificaciones.

Significado, simbolismo y sentido político

Un pensar orgánico, capaz de mantener la coherencia de un movimiento multitudinario, se ordena según este tríptico. En principio, el “significado” de un acto es la manifestación de las propiedades políticas que entraña para realizar su propósito sin equívocos ni confusiones. El “simbolismo”, a su vez, prolonga la evocación inspiradora de las conductas ejemplares. Y el “sentido” permite asimilarlo en el contexto histórico, sintetizando los anhelos y sentimientos que le dieron origen.

Vías necesarias para la credibilidad de la prédica y la militancia, dentro del plan de contener y concentrar fuerzas, construyendo lo permanente, no lo efímero. De allí la maestría destacada por su facultad de enfrentar la anticultura            de lo “urgente” sobre lo “importante”. Y elucidar el culto mediático por lo instantáneo y lo fugaz para borrar la memoria colectiva. Su testimonio irrefutable evita la banalidad que no constituye recuerdo, ayudando a preservar el patrimonio público de la conciencia nacional.

Buenos Aires, 14 de septiembre de 2017.
Julián Licastro

lunes, 11 de septiembre de 2017

METODOLOGÍA DE LAS ALIANZAS



METODOLOGÍA DE LAS ALIANZAS

La voluntad de unión

Frente a la sombría exhibición de divisionismo inocuo, en la crisis cultural de nuestra sociedad, surge la respuesta de la razón como voluntad de unión. Pero no hacia cualquier forma de unidad, sino de aquella que manifiesta los rasgos de la verdad y la justicia, en tanto valores motivantes de los impulsos asociativos comunitarios. Luego, la alianza es la proyección de una identidad significante, que desea ampliarse para crear una “cadena de potencial” por la diversidad complementaria de sus propuestas y medios.

Es la manera prudente de reducir riesgos, disminuir bajas, acceder a espacios de acción más influyentes y descubrir nuevas alternativas de movilización y desarrollo. Aquí el arte de la estrategia se combina con el oficio de la diplomacia para servir a la gran política, demostrando que el “todo cualitativo” es superior a la mera suma de sus partes. Hecho evidente que contagia el efecto sinérgico de la multiplicación de logros efectivos, que resultan imperdibles para un conjunto con ciertas expectativas unificantes.

La razón profunda, no el intelectualismo superficial, se enfoca entonces en la articulación de “alianzas tácticas”, como modo expeditivo de salvar dificultades. Mientras construye “alianzas estratégicas” que, sobre el ejercicio básico de lo urgente, aspiran a compartir líneas programáticas y operacionales de vasto alcance, visión panorámica y consistencia en los cuadros directivos.

La alianza es, a la vez, una herramienta de lucha y de paz, de resistencia activa y de gobierno estable, en la sucesión habitual de las etapas de un nuevo ciclo histórico. Porque aliarse con éxito, en una dimensión prolongada, es obligarse mutuamente a cubrir las falencias y debilidades de sus integrantes. La cuestión es elegir correctamente los aliados para sostener lo esencial de lo concertado, y superar las desavenencias frecuentes de la práctica cotidiana de la militancia. La prioridad se consustancia en un nivel elevado que define claramente los objetivos centrales y los lineamientos de ejecución apropiados a una serie de eventos decisivos.

La elección de los aliados

En el terreno concreto de las “fuerzas en presencia” hay poco margen para la retórica discursiva y la expresión gratuita de deseos, porque prima la disposición espiritual y física de asumir un gran esfuerzo. Aunque la persuasión no se interrumpa nunca, ya que no hay aliado perfecto, incondicional y definitivo. La evolución de las circunstancias beligerantes, sumará o restará fuerzas a la coalición; o podrá cambiar la naturaleza o el grado de la relación establecida inicialmente entre los concordantes.

La responsabilidad de conducción debe evitar desprestigiarse con fracasos en su política de alianzas, lo que implica no apresurarse en la elección del “quién” y del “cómo” de cada acuerdo a establecer. Y especialmente, no improvisar compromisos, descartar referencias ambiguas o consentir ansiedades oportunistas. Ser amable y ponderado siempre, porque las vinculaciones políticas suelen regresar, aún para incitar conflictos. Como la presencia irritante de los “falsos aliados”, campeones del rumor disolvente, y de la deserción instantánea ante el menor contratiempo.

Trabajar intensamente en reunir aliados exige coherencia y constancia. No subestimar a ninguno, ni tampoco permitir que nadie nos haga sentir dependiente de su “apoyo” especulativo. Por esta causa es primordial, como ya lo anticipamos doctrinariamente, dedicarse a crecer y organizarse en medio de la crisis, con prudencia para fortalecer nuestro propio despliegue y estructuras de contención. La clave es no caer en situaciones que desmerezcan la tarea necesaria de predicar con el ejemplo la recomposición nacional.

Liderazgo y posición central

Todo dispositivo defensivo tiene vanguardias, retaguardias y alas derechas e izquierdas. Fracciones especiales que existen en función de proteger al “grueso”, a la columna principal, y no al revés. Principio basamental que condena la ambición letal de algunas jefaturas que proponen “la misión invertida”, pretendiendo que el conjunto se inmole detrás de iniciativas parciales, pero serias y carentes de posibilidades reales de triunfo.

Perón fue un maestro en ejercer su liderazgo desde la posición central, equidistante de alas y flacos subsidiarios, para salvaguardar, precisamente, al Movimiento Nacional de los intentos extremos con inferencia ideológica. Una función nada fácil, porque significa lidiar constantemente con ideas contradictorias, antagonismos internos y tendencias facciosas, cuando ha llegado la instancia de inclusión y no de exclusión.

Las alianzas no se impulsan por la palabra “anti”, sino por la palabra “con”; eslabonando con flexibilidad los objetivos sectoriales legítimos que dinamizan, coordinadamente, toda nuestra actividad económica, cultural y política. En tiempos muy sensibles por la fractura social expuesta, la conducta personal incide más que nunca en la ley moral de la conducción pública como verdad de experiencia. Ella enfatiza la humildad sincera y la autenticidad, sobre la simulación virtual y el sofisma tecnocrático.

                                       Buenos Aires, 11 de septiembre de 2017.
                                                                               Julián Licastro

domingo, 27 de agosto de 2017

EL CRECIMIENTO ORGÁNICO EN LA CRISIS



EL CRECIMIENTO ORGÁNICO EN LA CRISIS

El proceso de incorporación

En todos los ámbitos de actividad es vital fortalecer la organización donde participamos y que conforman los elementos cualitativos y cuantitativos afines a su propósito. Así avanza la marcha hacia la gran unidad que requiere el Movimiento. Lo hace en principio por pequeños grupos, basados en un instinto de sobrevivencia, con capacidad de sumarse progresivamente a instancias cada vez mayores con un perfil similar de ideales y motivaciones.

En una situación normal este proceso de incorporación, que nos pasa de la inacción a la acción, es más lento y está encuadrado por sus referentes habituales. Pero en circunstancias de emergencia, con conciencia del daño irreversible que supone “perder tiempo”, el entramado de enlaces se va operando espontáneamente y con mayor rapidez, por distintas iniciativas tendientes todas a mancomunarse en las tareas más urgentes. La sorpresa adversaria, casi siempre contra sus análisis prematuros, comprueba la rapidez de la reconstrucción de nuestras estructuras de resistencia y lucha.

Hay detrás de estas respuestas expeditivas, una tradición que no es “pasado” sino “experiencia”; y no se diluye tan fácilmente ante el arte menor del marketing publicitario. Máxime cuando éste reitera fraudes informativos de corto alcance. Cientos de operadores mediáticos esforzándose por ubicar al presidente en primera página y los titulares noticiosos, chocan con la sencilla paciencia de aquellos que no abandonan su misión en los conteos definitivos. Por otro lado, la descalificación que este mercantilismo hace de todo aquello que no sea oficialismo, juega en contra, porque en algún momento de sinceramiento político habrá que considerar las verdaderas reformas demandadas por el conjunto del país, y no sólo un sector.

No hacerlo, o hacerlo bajo cuerda con dirigentes venales, suena al tono tan criticado de imposición arbitraria; según lo están intentando ahora mismo que “van por todo”, desmantelando al Estado y privatizando sus funciones esenciales. Lo cual incluye inventar un “estadista” que quizás carece de las virtudes básicas: presencia sólida, rumbo definido, mentalidad no presionable y aptitud para manejar las variables concorde al bien común, y nunca al reparto para contentar ambiciones parcializadas y centrifugas.

El proceso de integración

El espacio orgánico de la militancia suele crearse de una expansión de la concepción política, madurada al ritmo de una ecuación histórica. Es causal no casual, aunque se subestime el papel de sedimentación estructural de la militancia territorial y social. Es un llamado perentorio que se hace oír en nuevas formas de expresión, articulación y referencia. Esta incitación, surgiendo de un lugar determinado, se reproduce velozmente en todos los demás núcleos con expectativas. La clave es no pretender adueñarse del nuevo ciclo que se inicia, para potenciar su trasmisión libre, difundida hasta el último linde del despliegue por “la comunicación que vence al espacio”.
De este modo, el pensamiento se va enriqueciendo y adaptando a todos los grupos con su respectiva idiosincrasia, que resisten los manuales de intervención centrista de las usinas de imagen. El impulso innovador se replica con notas propias de la geografía de pertenencia e incursiona con sabiduría de baqueano en el método mas apropiado para ir refundando el Movimiento lugar por lugar. Y para descartar progresivamente a los malos dirigentes partidarios y gremiales que defeccionan para acomodarse.

Hay una densidad de ideales y sentimientos que coinciden en un molde de presiones intensas, y lleva de la mano a coincidir en lo fundamental, dejando al costado la discusión de cargos electorales. Ventaja de la educación social de subsistencia que, bien encuadrada, evita a la vez la indolencia de la indiferencia y el atajo de la violencia desbordada. Tal cual lo enseñó Perón, y lo repitieron constantemente los predicadores leales que lo entendieron y lo amaron. Luego, queda poco lugar para reaparecer con “las vanguardias esclarecidas” que se reagrupan por suerte en otro punto.

Es posible entonces saltar de jerarquía, pero dentro del arte superior de la conducción, pasando de la incorporación a la integración, que es un proceso de mayor complejidad, donde se intercambian metodologías complementarias del ámbito político, social, técnico y cultural. Lo promueve una militancia de “libertad responsable” que recuerda los errores inspirados en una especie de castrismo sureño, con medidas efectistas pero no efectivas y resultado efímero.

El proceso de identificación

La intemperancia y la ira son malas consejeras, aunque tengamos razones para la indignación, lo cual evita el juego que esperan los grupos de interés, su procedimientos de facto y su corrupción a escala. Lo contrario para quienes queremos ser creíbles y confiables conteniendo la fuerza en sus posiciones tácticas y estratégicas más convenientes. La idea es mantener latente la presión ofensiva que promete éxito en el momento de la decisión, sin arriesgar en aventuras inciertas. Porque no se trata sólo de pelear, sino de ganar.

Todo vacío de autocontrol es un vacío de conducción que se paga con infantilismo y voluntarismo: armas viejas que no sirven,. Pero en el tiempo de preparación que resta, hay algo crucial que hacer, pasando de la incorporación y la integración al proceso cualitativo de la identificación plena con los principios, valores y criterios del Movimiento y su actualización de categorías estratégicas para acceder al gobierno y gobernar. Debemos encarnar al Movimiento con su mística originaria para evitar o moderar diputas menores, o divisiones por ambiciones de grupos y sectores. Tal el proceso reclamado en el legado de Perón, que significa convertir la politización numérica en “cultura política” afirmando las políticas de Estado, no de grupo, que nos vacunen contra la doblez y nos protejan de la infamia de los adversarios irracionales.

Buenos Aires, 26 de agosto de 2017.
Julián Licastro

lunes, 21 de agosto de 2017

LA UNIDAD EN EL MOVIMIENTO



LA UNIDAD EN EL MOVIMIENTO

Revelación política y continuidad en la lucha

Remarcando, como lo hemos hecho, la creación superior de la estrategia, corresponde nutrirla con los nuevos factores que generan las acciones tácticas de impacto relevante. No hacerlo sería congelar el pensar estratégico como “teorización”, sin incidencia operativa alguna. En la vía correcta, pues, un análisis que busque la verdad en sí, y no la ratificación cerrada de prejuicios, verá abrirse el nuevo horizonte de limitaciones y posibilidades que configura la continuidad de la lucha.

Un instante de clarificación nos dice que estos fragmentos electorales no constituyen el verdadero Movimiento, por su falta de rumbo y coherencia. Y al mismo tiempo, nos indica que ha llegado el momento preciso de plantear, con nuestras voces militantes, la superación de una larga crisis espiritual y orgánica que no subsanaron ni sus figuras más conocidas. Los últimos comicios, por ejemplo, no pueden valorarse por victorias o derrotas, sino en la visión más aguda de que hay un mundo político que muere y otro que nace, si sabemos albergar actualizadamente, y sin exclusiones a priori, los principios y valores de nuestra mejor esencia formativa.

Son un ocaso y una alborada fértiles, donde una renovada potencia de vida organizativa puede representar el comienzo de una gran tarea. Para ello, las aspiraciones individuales deben desplazarse del egoísmo estéril, a otra faceta más positiva de la condición humana encaminada por creencias profundas, gestos persuasivos y debates reflexivos. Actitud que tiene una esperanza ponderada en las diversas formas de participación social, basadas en la intención plena de intuición política del pueblo. Una propensión a “volver a ser en los valores”, porque ellos no sólo encarnan una identidad, sino una reafirmación definitiva en la fusión de lo sensible con lo trascendente.

No hablamos de los próximos dos meses, sino de los próximos dos años, donde nuestra inteligencia guiará la fuerza y la consolidará con los paradigmas de dignidad y justicia. Descartando los dualismos ideológicos que confunden y separan; e insistiendo en los hechos históricos que acentúan los fundamentos del sentimiento de patria. La decadencia de hoy no es la forma final del peronismo que sueñan nuestros adversarios cerriles. Lo más importante es lo que tiene que llegar si realmente “somos, sabemos y podemos hacerlo”.

La salida drástica del escepticismo

Siempre una parte de cada existencia discurre buscando las razones de su designio; y aún muchos mueren sin haberlas hallado. Es lo que Perón consideraba el pecado de “pasar desapercibidamente por la vida”. Por eso no nos culpemos demasiado de aquello que fuimos aceptando. Siempre ocurre así cuando la disciplina se degrada a sumisión, la adhesión se viste de obsecuencia o la medianía se disfraza de moderación. Lo primordial ahora es captar y difundir esta revelación insoslayable, que ya nos impulsa a vencer el desánimo de la frustración y la pesadez asfixiante del tedio y la impotencia. Nosotros no nacimos para “aburrirnos” cuando la alternativa es la lucha por la sobrevivencia nacional.

Tomar una iniciativa, comenzar a organizar y poner algo en funcionamiento. Esta metodología es parte de nuestro aprendizaje de alternativas creadoras: sabiendo que los constructores son más que los destructores, aunque no estén todavía al mando. Situación desgastante a reverti, planificando bien antes de obrar, porque en el obtuso mecanismo del subdesarrollo institucional, muchas veces un absurdo no invalida un error, sino lo consolida por la vía pasional de la obcecación impropia. Tal lo que esperan que hagamos nuestros rivales.

Las cualidades genuinas no pueden permanecer ocultas en los buenos militantes, porque ellas entrañan exigencias de representación a expresarse y cultivarse. Sólo así, con miles de nuevos referentes y predicadores, se producirá la salida drástica del escepticismo; que en caso contrario confirmaría nuestra decadencia. Una vez resuelta la cuestión de la “voluntad política”, con real vocación de poder, corresponderá neutralizar los obstáculos de las peleas necias, y el “orgullo” herido de los dirigentes que ya cumplieron en exceso su ciclo. Y también  sancionar la incapacidad de los ineptos crónicos, protegidos por el “amiguismo” y convencidos de sus virtudes inexistentes.

Comprenderse bien entre compañeros es absolutamente necesario ante el riesgo de divisionismo que fomenta la ingeniería pospolítica. Ellos son campeones en manipulación técnica e informaciones engañosas. Es lo único que saben hacer porque no ven, no escuchan y no sienten la realidad de la gente, que reducen a un factor numérico y de repetición serial, sin caracteres distintivos ni personales.

Planteo realista y  perspectiva histórica 

Nada de esto es fácil, porque conviven la tensiones de las múltiples contradicciones a las que hemos llegado, sin darnos cuenta a tiempo. Y empujados por un ajuste local, regional y mundial provocado por el caos de la economía salvaje. Para empezar a solucionarlo, hay que hacer un planteo realista de los problemas, señalando prioridades e indicando propuestas efectivas de acción. Sin resultados no hay respuesta, sino más discursos vacíos de contenidos originales.

Llega la hora de la verdad. Es la hora cúlmine de la comunicación y la solidaridad de los compañeros; donde el afecto fraterno nos impide ser extraños los unos a los otros, principio y fin de toda comunidad. La justicia, que da nombre a nuestra doctrina, es virtud y sabiduría; mientras la injusticia es vicio e ignorancia. Valga esta definición clásica como vaticinio de triunfo, ante una batalla principal que supere los procedimientos secundarios de la improvisación. Además, tenemos a nuestro favor la perspectiva histórica de la memoria colectiva del pueblo.


Buenos Aires, 21 de agosto de 2017.
Julián Licastro

LAS NUEVAS CATEGORÍAS DE ACTUALIZACIÓN DE NUESTRA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA



LAS NUEVAS CATEGORÍAS DE ACTUALIZACIÓN
DE NUESTRA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA

Crear nuevas categorías de actualización

Desde la época clásica a la moderna, la filosofía refiere la palabra “categoría” a los conceptos generales que ayudan a la razón a elaborar sus criterios. Pero esta definición académica corresponde unirla a la percepción popular de los desafíos que encara la persistencia orgánica de la comunidad. En consecuencia, más allá de lo táctico, es menester conjugar una mentalidad coherente y leal a nuestra concepción superior, porque la estrategia es el pensamiento previsor y coordinador de la vida colectiva, frente a las acechanzas de extinción.

A pesar de los problemas, Argentina ha ido consolidando una tradición capaz de evocar historia, invocar principios y convocar acciones. Todo ello, en una aspiración trascendente de valores fundamentales, cuya conciencia nacional se propone atraer la verdad, que no inventa sino descubre. Fuerza espiritual que acompaña a la dignidad para resistir con esperanza el temor a la pobreza, la pérdida del trabajo, y la inseguridad cotidiana como parte de un plan imaginado o consentido de cambio traumático o violento.

Retomar las virtudes de lo trascendente, no de lo efímero, significa voluntad de realización plena para rearticular la comunidad, hecho imprescindible incluso para concretar las aspiraciones personales. Porque aún lo individual, demanda la reflexión básica de la “filosofía de la vida” para reencontrar el sentido de la existencia, y del diálogo fundante de un mismo ámbito de pertenencia. Ningún otro lenguaje, y menos el idioma criptográfico de la tecnocracia, podrá satisfacer la indagación de las inquietudes humanas esenciales.

La verdadera política como servicio y construcción

De allí la inclusión comunitaria de la política, sentida como servicio y construcción, descartando el sesgo inmoral de la vieja y nueva manipulación. Porque ella aborta el esfuerzo de educación y capacitación con las dádivas de los recursos espúreos. Nada material tendrá éxito sin el nuevo mensaje comunitario de esta concepción existencial, lejos de la indiferencia social disfrazada de caridad proselitista y de la compra-venta de votos. Es la vieja historia que hemos padecido en los ciclos “posperonistas” que deformaron al Movimiento. Y ahora en la etapa de la “pospolítica”, como el reino virtual de las cosas superficiales, los esquemas reales de explotación y la idolatría de la plutocracia. La condición humana yace así sin rumbo, absorbida por los artefactos y reducida a la impiadosa clasificación de la gente como meros “usuarios”.

Mientras la cuestión nacional se reduce al esquema mercantil de los tecnócratas, extraños al sentimiento  patriótico, el “orden” mundial sufre las consecuencias de una penetración que subvierte Estados soberanos y desvanece sus fronteras. Aunque también registra la respuesta de corrientes numerosa que defienden la producción, el trabajo y el mercado de su país. No es el caso de copiar los caracteres específicos de estas experiencias en las más grandes potencias. Porque sabemos que hay nacionalismos de opresión y nacionalismos de liberación y desarrollo como el peronismo originario de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.

La tercera posición en la geopolítica actual

La perspectiva de la tercera posición excede sus inicios en la década del 40 frente a los conflictos sistémicos con los imperios de entonces. Hoy abarca también los conflictos asistémicos que protagonizan las corporaciones, y la disputa principal entre China y EEUU. Aquellas viejas alianzas, de un modo u otro, respondían a coincidencias culturales e ideológicas. En la nueva escena, la única verdad es la globalización asimétrica manejada por las transnacionales en el “capitalismo salvaje” y sin reglas.

Por tal razón, el postulado matriz del Movimiento fue, y sigue siendo, “la organización de la comunidad nacional como sujeto histórico”, constituido por el pueblo en su conjunto. Y no una “sociedad” de conveniencia, separada de las decisiones tomadas por magnates y oligarquías. Este fue el “escándalo” político que puso a todos los partidos tributarios del sistema, por derecha e izquierda, contra el General Perón.

El segundo postulado es institucionalizar “el Estado nacional como sujeto jurídico” sólido y eficaz, para contener los excesos del mundialismo financiero privado. Este proceso desmesurado, sin la menor “ética económica” no globaliza las ganancias sino sólo las perdidas, contra el derecho de los pueblos al desarrollo sustentable con equilibrio ambiental. Necesidad que impulsa una reforma estatal abierta a la participación de la sociedad, desechando las estructuras burocráticas proclives a la corrupción y el autoritarismo.

Finalmente, la proposición de establecer “la concertación productiva como sujeto social”, crea la base de sustentación equitativa, sin reiterar la “guerra” interna de precios y salarios que provoca los extremos de la pobreza creciente en un país pródigo, y la concentración de riquezas en la instancia terminal de la especulación a cualquier precio. Allí la crisis es mundial, con el retorno de tendencias divisionistas, aislacionistas y supremacistas, donde agonizan los valores de occidente representados por una Europa decaída. Lo que explica que ahora se analice tanto, en el aspecto filosófico, teológico y estratégico, las intensas convulsiones que agitan el Sur de América, hasta ayer desestimado como las tierras y mares del “fin del mundo”.

Por esta causa abrimos el debate sobre las nuevas categorías de actualización, y su aplicación por los cuadros formados solidariamente que detestan el divisionismo estéril. Ya que, en el desenlace de esta batalla de inteligencia y voluntad, se juega la desaparición de la Argentina, “desguazada” por grupos de negocios, o su renacer en una nación integral, soberana y señera.
                                                               
Buenos Aires, 13 de agosto de 2017.
                                                                                      Julián Licastro